Momentos urbanos suizos
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El buen diseño no es solo lo que se ve, sino lo que no se ve, y Suiza, muchas veces, se caracteriza por este tipo de diseño.
El reloj mĂtico que cuelga en todas sus estaciones de trenes tiene esta caracterĂstica. Usa lo mĂnimo necesario para decirte la hora. Y no por ello es peor. Al contrario, ofrece una experiencia más limpia y más equilibrada.
En Suiza se inventaron tipografĂas mundialmente conocidas, como la Helvetica y Univers; sus diseñadores se guiaron siempre por el «menos es más», una caracterĂstica que ya se da en su inconfundible bandera.
El diseño de carteles es algo que se toma muy en serio en el paĂs, como puede verse en cuentas de Instagram como @swissposters.
Esta cultura tiene su hogar en el Museum für Gestaltung, que cada año organiza entre cinco y siete exposiciones. Un museo y centro de investigación que almacena más de 500.000 objetos relacionados con la cultura visual.


Cuando entres en el centro histĂłrico de Basilea, no vayas a ningĂşn lugar en concreto.
Camina, merodea, mira los escaparates. Párate a tomar un café, entra en los anticuarios. Siéntate en un banco con vistas al Rhin, visita la tumba del humanista Erasmus. Aprende a perderte y volver a encontrarte. Y vuelta a empezar.
Si quieres profundizar en lo que acabas de ver, todas las semanas el ayuntamiento organiza visitas guiadas por el centro histĂłrico.


Aquà te hemos contado por qué merece la pena visitar el museo Tinguely.
Y con esta foto te mostramos por quĂ© deberĂas parar a tomar algo en su cafĂ© despuĂ©s de ver las obras del artista suizo más importante del siglo XX.


Para mĂ, la parte más placentera de viajar no es ver monumentos, sino mimetizarme con los locales.
Es aprender cĂłmo vive la gente en lugares ajenos al mĂo. Y uno de los mejores sitios para hacerlo en Lucerna es Seebad Luzern. Esta estructura de madera flotante es una de las más concurridas en verano por los locales para darse un chapuzĂłn en el lago.
Esta ingeniosa construcciĂłn tiene todo lo necesario para disfrutar del agua. Casetas para cambiarse, un bar y un restaurante para picar algo, una zona al descubierto para tomar el sol y una serie de escaleras de madera que conducen directamente al lago. ÂżEl coste? Seis francos, sin lĂmite de tiempo.
Durante los tres dĂas que estuvimos en Lucerna siempre acabamos el dĂa aquĂ y siempre fue difĂcil irse. Cuando baja el sol la gente se quita el bañador y Seebad Luzern se convierte en un bar. Un buen lugar para quitarse el uniforme de turista.


La proliferación de páginas como Tripadvisor ha llevado a muchos a no poder tomar una decisión sin consultar primero las puntuaciones y opiniones de otros usuarios sobre un bar, hotel o restaurante.
Y aunque puede tener su sentido en determinados momentos, hacerlo por defecto nos lleva a perder uno de los factores más placenteros de viajar: la sorpresa y la improvisación.
Algo asĂ nos pasĂł con el bar Drei Eidgenossen, situado en Rathausgasse, una de las calles más antiguas de Berna. No fue necesario mirar ninguna web ni preguntar a nadie para sentarnos en su terraza. La energĂa que desprendĂa era suficiente. Nuestra intuiciĂłn nos dijo que este era un buen sitio para parar a tomar algo, y asĂ fue. Si alguna vez te equivocas, tampoco pasa nada. Es un pequeño precio que hay que pagar para tomar las riendas de tu viaje. No podemos delegar todas nuestras decisiones en los demás.



100 segundos para llegar a una de las mejores panorámicas de Zúrich.
Es lo que tarda el funicular Polybahn en llegar a la Polyterrase, una plaza libre de obstáculos para contemplar la ciudad.
Aquà se encuentra también la sede monumental de la Universidad Politécnica de Zúrich (ETH, por sus siglas en alemán). Más de 21 premios Nobel (entre ellos Einstein) han pasado por este centro especializado en ciencias, que está entre las 10 mejores universidades del mundo. Sus graduados son tan codiciados que Google tiene una de sus oficinas más importantes del mundo en Zúrich, donde trabajan más de 2.000 personas.
Hoy, más que nunca, el coronavirus nos ha demostrado que una nación que no invierte en ciencia está condenada al fracaso. Algo que los suizos parecen tener muy claro. ETH cuenta con un presupuesto anual acorde a su importancia: 1.885 millones de francos.