Momentos urbanos suizos
0
Prueba ajustar tu búsqueda eligiendo más de una ciudad, eliminando todos los filtros o seleccionando varias experiencias a la vez.
+ momentos

Si viajas algún día a Lugano, es posible que el Spazio Morel ya no esté aquí.
Este espacio cultural nació con fecha de caducidad. Sus fundadores tomaron el control de este antiguo concesionario en 2012 con el propósito de usarlo hasta 2019, año en que volvería a manos de los propietarios del solar, que buscan demolerlo para construir un edificio nuevo.
Pero en 2020, el Spazio Morel sigue en funcionamiento y todavía no se ha aclarado su futuro. ¿Conseguirán mantenerlo abierto, como ha ocurrido con otros proyectos en Suiza que lo consiguieron después de muchas luchas vecinales?
Entretanto, el espacio se ha consolidado como un referente programando música en directo, exposiciones de arte contemporáneo y espacios de trabajo colaborativos. Un complemento a la cultura oficial que se programa en LAC, el centro de artes del Ayuntamiento, situado a apenas 200 metros.



A los hermanos Freitag nunca les gustó la palabra sostenibilidad.
«No es algo diferenciador, es una necesidad», explicaban en una entrevista para la revista Freunde von Freunden. Para ellos, si un producto no es sostenible en su origen, es un producto fallido y no merece el apelativo de diseño.
Esta filosofía se ha mantenido inalterable desde 1993, año en el que fundaron su marca de bolsas y accesorios Freitag en el barrio de Zúrich West. Los hermanos vivían en un apartamento cochambroso cuya vista daba al puente Hardbrücke, una arteria por la que circulaban muchos camiones.
La observación de este paisaje urbano les llevó a darse cuenta de que estos vehículos siempre estaban forrados con lonas e intuyeron acertadamente que esas lonas acabarían casi siempre en la basura una vez terminada su vida útil.
Fascinados por las posibilidades de este material, empezaron a emplearlo para diseñar bolsas. Y así, de forma muy resumida, nació Freitag.
Hoy es una de las marcas de diseño contemporáneo suizo más respetadas. Su primera bolsa está expuesta en la colección permanente del MOMA de Nueva York.
Llegado el momento de construir una flagship store, era lógico que eligiesen un emplazamiento cercano a donde nació la compañía. El listón estaba muy alto, y, una vez más, recurrieron a una solución ingeniosa y sostenible a la vez. Una torre construida a partir de contenedores de segunda mano. En la parte inferior hay cuatro pisos que conforman la tienda, y en el exterior, una escalera conduce hasta un mirador en el noveno piso.
Freitag es una historia de reinvención, como el barrio donde se sitúa. En 1993, Zúrich West era conocida por la decadencia industrial y los problemas con las drogas. Hoy, es uno de los barrios más dinámicos de la ciudad.
Freitag demuestra que la sostenibilidad, muchas veces, no es ni verde ni bucólica, como la publicidad nos suele vender. Es cruda, bella, ingeniosa e inteligente.


Esta foto se tomó en Berna, pero podría haberse tomado en cualquier ciudad helvética.
Las fuentes urbanas en Suiza tienen un doble propósito: decorar el paisaje urbano y ofrecer agua potable, que fluye de manera constante.
La capital tiene una en cada esquina. Zúrich tiene más de 1.200.
Escucha el sonido hipnotizador que produce el agua cuando cae de las fuentes. Utilízalas como recordatorios para parar y descansar. No la compres embotellada; es un sinsentido cuando se tiene acceso a agua que probablemente se originó en un glaciar suizo.


El Kapellbrücke representa para Lucerna lo mismo que el Coliseo para Roma o la Torre Eiffel para París.
Es el símbolo de la ciudad. Un puente de madera de más de 200 metros de longitud que tiene sus orígenes en el siglo XIX.
El puente está totalmente techado y la parte superior está recubierta de pinturas en formato triangular que te acompañan durante el paseo. Las barandillas están recubiertas de flores rojas, que suavizan las formas de la estructura.
En 1993 un incendio destruyó dos terceras partes de Kapellbrücke, pero si no te lo dicen antes, no te darás cuenta. Tal es la calidad de la reconstrucción.


Esta historia empieza con un incendio en 1981.
El fuego reduce a escombros la principal fábrica de la marca de muebles Vitra, situada a las afueras de Basilea. Su dueño, Rolf Fehlbaum, convierte la tragedia en una oportunidad para empezar de nuevo. Contacta con el arquitecto británico Nicholas Grimshaw para encargarle el nuevo edificio. Y a partir de ahí, Fehlbaum le coge el gusto a trabajar con las mejores mentes para ir desarrollando el campus. Unos años después entra en contacto con Frank Gehry, un arquitecto estadounidense prácticamente desconocido fuera de su país, para encargarle una nueva ala de su fábrica. La colaboración funciona tan bien que vuelve a trabajar con él para edificar un museo que albergue su colección de muebles.
El empresario suizo se revela como un ojeador de talento arquitectónico nato. A principios de los 90, acude al japonés Tadao Ando para encargarle el proyecto de unas salas de conferencias. Será este el primer encargo que recibe el arquitecto fuera de Japón. En paralelo, quiere diseñar también una sala de bomberos y decide arriesgarse confiando para ello en una desconocida Zaha Hadid. Será el primer encargo que recibe la arquitecta de origen iraquí.
Los trabajos que estos arquitectos realizaron aquí dieron un importante impulso a sus carreras: hoy se consideran superestrellas de la arquitectura. Pero la fascinación por la buena arquitectura aún no ha acabado; el campus es un espacio en continua evolución. Desde entonces, también han dejado su impronta Álvaro Siza, Herzog & de Meuron y SANAA.
Visitar el Vitra Campus requiere cruzar la frontera con Alemania. El tranvía número 8 lleva a la estación de Weil am Rhein. Desde allí hay un paseo de 15 mins hasta llegar al campus. Pero nuestra manera favorita de llegar es haciendo el paseo 24 Steps desde la fundación Beyeler.


Hay un edificio sobre el lago de Lucerna que se distingue de todos los demás.
No solo por lo que se ve, sino por lo que deja ver. Por la manera en que dialoga con el agua y las montañas en el horizonte.
El KKL es el centro cultural más importante de la ciudad. Es el primer gran edificio que uno se encuentra al salir de la estación de trenes de Lucerna y se ha convertido en el icono contemporáneo de la ciudad.
El agua siempre está presente en su interior. Desde los ventanales, que te recuerdan constantemente la presencia del lago, hasta los canales de agua que atraviesan el interior del edificio.
Construido entre 1995 y 2000, el KKL ha sido un revulsivo para una ciudad histórica y tradicional. «Realmente fue un deseo de la ciudad y eso no siempre ocurre con mis obras», reflexionaba su arquitecto Jean Nouvel en una entrevista en 2015. «Es un reflejo de una era. El paso del siglo XX al siglo XXI».