Momentos urbanos suizos
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Cuando visitamos ciudades históricas, es común escuchar historias de arquitectos de siglos pasados que dejaron su impronta en la ciudad.
En Basilea, en cambio, los arquitectos que más han contribuido a su paisaje urbano siguen vivos y activos. El estudio Herzog & de Meuron ha construido más de 50 proyectos en la ciudad y alrededores desde sus inicios en 1978. Sus fundadores, Jacques Herzog y Pierre de Meuron, cumplieron 70 años este año y siguen transformando Basilea. Roche Tower (178 m), la torre más alta de Basilea, lleva su firma. Y ya están construyendo un edificio que será más alto todavía, Building 2 (205 m), también para la farmacéutica Roche. De lo micro a lo macro, su sello se encuentra en toda la ciudad.
Quizá lo más interesante de este estudio de arquitectura es el intento de no repetirse jamás. A diferencia de otros arquitectos que buscan reproducir su sello una y otra vez sin importar el lugar donde se encuentra, ellos siempre buscan huir de la estandarización. Para los interesados en una mirada más profunda sobre su contribución a la ciudad recomendamos el libro ‘From Basel, Herzog & de Meuron’, de Jean-François Chevrier.


Lo primero que llama la atención al entrar al museo Tinguely es ver niños correteando y subidos a las obras.
Una niña de unos 8 años se acerca a una de las esculturas y pisa un botón. La escultura cobra vida y genera un maravilloso estruendo. Si Jean Tinguely estuviese vivo hoy, esta escena le hubiese gustado.
El artista suizo luchó toda la vida para quitar solemnidad al arte. El juego es una parte vital de la vida y buscaba que estuviera siempre presente en sus obras. Sus piezas son máquinas imperfectas construidas con una enorme variedad de objetos en desuso. Tinguely era capaz de juntar una cabeza de caballo, una noria, las cortinas antiguas de un teatro, una rueda de una bici y un tambor para generar esculturas en movimiento. Sus máquinas son como la vida misma: imperfectas, desordenadas, bellas, ruidosas, molestas.
El escultor disfrutaba también destruyendo algunas de sus obras y generando grandes performances que acababan con explosiones. Era su manera de recordarnos que las máquinas podían matarnos si caían en las manos equivocadas.
El tiempo tiende a olvidar y por eso este museo sigue siendo tan importante. Tinguely sigue siendo relevante para los tiempos en los que vivímos por la manera en que reflexionaba sobre la tecnología sin perder el sentido del humor. Un espíritu que lo guió hasta el final de su vida en 1991.
En lugar de una ceremonia sombría y triste, preparó un funeral en el que desfilaron varias de sus esculturas en movimiento. Más de 10.000 personas se despidieron del artista suizo más importante del siglo XX.


Mientras los asistentes hacían cola para la exposición temporal de Hopper, nosotros nos alejamos del barullo dirigiéndonos a las habitaciones situadas en el extremo opuesto de la fundación Beyeler.
De pronto, llegamos a una pequeña sala escondida de todas las demás. En su interior reinaba el silencio y había cuatro cuadros, todos de Mark Rothko. En el centro, un banco solitario nos invitaba a tomar asiento.
«Si solo te fijas en el color, te acabarás perdiendo algo. Me interesa expresar solo las emociones humanas más básicas», decía el artista. Para él, el espacio donde se veía el cuadro era tan importante como el cuadro en sí mismo. Elegía lienzos grandes para que la obra te envolviese. «¡Estas dentro de él, es algo que controlas tú!», afirmaba Rothko. «La gente que llora ante mis obras están teniendo la misma experiencia religiosa que cuando los pinté».
Durante esos 10 minutos que permanecimos en la sala sentimos a Rothko como nunca lo habíamos sentido. No era un cuadro que nos pidiese viajar a otro lugar. Todo lo que tenía que decir estaba allí en el momento presente.



El Museo de la Cruz Roja se ha adelantado al futuro. La mayoría de museos se limitan a mostrar objetos o cuadros, manteniendo una distancia entre el espectador y la obra. Aquí es todo lo contrario
El museo convierte la historia de la Cruz Roja en una experiencia multisensorial e inmersiva. Allí conversamos de tú a tú con víctimas de guerras; aprendemos sobre los orígenes de la organización y sobre la importancia del derecho internacional para proteger a personas vulnerables en todo el mundo.
Al final del recorrido llegamos a una exposición temporal que nos dejó boquiabiertos. Una muestra de carteles publicitarios rescatados del archivo de la Cruz Roja. Campañas ingeniosas de salud pública que han salvado muchas vidas. Una de las grandes sorpresas del viaje.


Todo tiempo es poco a bordo del M.N Ceresio.
Esta embarcación de los años 30 navega por las aguas del lago de Lugano con una silueta inconfundible. Alargada, fina y estilizada, fue el barco que nos acompañó durante los múltiples trayectos que hicimos (todos incluidos en el precio de nuestra Swiss Travel Pass).
«El motor ha sido totalmente restaurado para cumplir con las normas medioambientales actuales, pero el interior sigue siendo completamente original», me explicó el simpático revisor de billetes.
Su polo azul marino llevaba el emblema de la Società Navigazione del Lago di Lugano, la empresa que lleva desde 1848 transportando viajeros por estas aguas.
No es la forma más rápida de moverse por Lugano, pero ¿para qué viajar si viajas con prisa?


¿Qué sentido tiene tener un museo de fotografía si todos tenemos la capacidad de hacer fotos?
La realidad nos muestra que nunca fue más importante contar con centros como el Fotomuseum Winterthur para ayudarnos a desarrollar una mirada crítica. El lenguaje hace tiempo que dejó de estar dominado únicamente por la palabra hablada y escrita. El verdadero idioma del siglo XXI son las imágenes que vemos a diario. Y la mejor manera de estar preparados para entender e interpretar la realidad es ejercitarnos.
«La política de ver y ser visto, observar y ser observado y ser reconocido siempre están relacionados con intereses de poder que modifican nuestra realidad social. En la imagen fotográfica, una multitud de miradas no solo se encuentran a sí mismas, nunca son neutrales. Especificaciones técnicas de la cámara, la cultura y mentalidad del fotógrafo y sus espectadores, pero también las instituciones y corporaciones que controlan y filtran lo que se puede ver y el valor que se le asigna a ello y lo que, a su vez, debe mantenerse oculto. Bajo la influencia de los algoritmos y las imágenes en red, las dinámicas vuelven a cambiar».
La introducción de la exposición ‘SITUATIONS/El derecho a mirar’ que nos encontramos durante nuestra visita demuestra que esto es algo que Fotomuseum Winterthur se toma muy en serio.
Fundado en 1993, la fundación navega por el delicado proceso de preservar el pasado y el presente de la fotografía. Prepararnos para un mundo en el que tener una dieta visual sana es tan importante como comer bien o ejercitar el cuerpo.