Momentos urbanos suizos
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¿Es una galería o una gasolinera?
En realidad, es las dos cosas. En 2008, los galeristas Von Bartha se mudaron a este antiguo taller de reparaciones en busca de más espacio para mostrar sus colecciones. En la parte delantera de la fachada principal hay una gasolinera que sigue en funcionamiento y los responsables de Von Bartha tiraron de arquitectura ingeniosa para integrarla en su diseño.
Cada vez que alguien para allí a repostar, puede contemplar obras de arte en el escaparate incluido en el precio de llenar el tanque. Son estos pequeños detalles que muestran la vinculación profunda que tiene la ciudad con el arte y la arquitectura. Visita la galería pidiendo cita previa o acércate a cualquier hora para captar este interesante juego visual.


Museos de arte concebidos como cubos blancos.
Es una fórmula que se repite en muchas ciudades. Tiene sentido: se busca no contaminar las obras que se exponen. Pero el resultado muchas veces roba la personalidad de los espacios, algo que no ocurre en el Kunsthaus de Zúrich. El museo de arte más importante de la ciudad es una obra de arte en sí mismo.
Inaugurado en 1911, el arquitecto Karl Moser llenó los interiores de elementos decorativos inspirados en el movimiento secesionista vienés. La escalinata que da entrada al espacio está cubierta de murales del pintor Ferdinand Hodler, creados exclusivamente para el edificio. En las salas más monumentales, los patrones en el suelo y las paredes añaden un elemento más inmersivo a la experiencia de ver los cuadros.
Además del impresionismo francés, destaca la colección de Edvard Munch, la más completa fuera de Noruega, y la colección de paisajismo alpino de pintores que desconocíamos, como Giovanni Segantini y Johann Heinrich Wüest.
La terraza del restaurante está decorada con murales de Miró, y en la salida hay una de las esculturas de Rodin más impresionantes que he visto jamás: la Puerta del infierno. Una obra en el que el escultor francés se imagina cómo sería la entrada al averno (spoiler: tiene mala pinta).
Actualmente el Kunsthaus está inmerso en uno de los proyectos más importantes de su historia: la construcción de un nuevo edificio que incrementará el espacio expositor en un 78% y albergará la colección de arte impresionista más importante fuera de París.


Los interiores de las iglesias suizas suelen ser austeras, parcas, frías e imponentes.
El producto de la reforma protestante que destruyó muchas obras de arte para imponer una visión más rigorista del cristianismo. Una revolución que no llegó a Lugano, que conservó su identidad católica. Esto ha permitido salvaguardar la obra de arte más importante del Renacimiento que se conserva en Suiza, la ‘Pasión y crucifixión de Cristo’. Pintado por Bernardino Luini en 1532, fue una de las últimas obras de este discípulo de Leonardo da Vinci antes de su muerte.
Cuando observamos este fresco, no estamos viendo una pintura que congela un momento fijo en el tiempo. Es más bien un cómic del siglo XVI que relata la pasión, muerte y resurrección de Cristo en siete episodios interconectados. Una serie de viñetas que cuentan una historia.


Declive y resurrección. La historia del Quartier des Bains es un relato de transformación a través del arte.
Durante décadas sus edificios estuvieron ocupados por talleres y pequeñas fábricas de relojería. Industrias que poco a poco se fueron trasladando fuera de la ciudad. El primero en aprovechar los espacios que se iban quedando vacíos fue el Centre d’Art Contemporain allá por los años 80, pero el verdadero revulsivo llegó con la apertura de MAMCO en 1994.
Instalado en una antigua fábrica de 3.500 m2, el Museo de Arte Moderno se convirtió en un imán para galerías e instituciones, que empezaron a instalarse en sus alrededores. Las exposiciones temporales de MAMCO contribuyeron a atraer al barrio a cada vez más personas.
En 2004 se constituyó la asociación Quartier des Bains para agrupar las 17 galerías e instituciones que se han instalado en esta zona. Algunas de ellas, como Médiathèque du FMAC, cuentan con una de las colecciones de videoarte más extensas del mundo.
Visitar MAMCO no es solo ver exposiciones. Es el punto de partida para explorar un barrio transformado por el arte.


Vivimos sometidos a la dictadura del algoritmo.
De la personalización de nuestros ‘feeds’, del intento constante de condicionar nuestros gustos. Hechos que hacen más importante que nunca mantener vivas las miradas independientes de museos como el Kunstmuseum de St. Gallen.
Estas instituciones no lo tienen fácil para atraer nuestra atención. Estar expuestos a centenares de imágenes cada día crea la falsa sensación de que lo conocemos todo. De que lo que vemos en el mundo físico recuerda a algo que ya hemos visto en Twitter e Instagram. Pero esta sensación es frecuentemente superficial. Ver mucho no significa conocerlo.
En una de las salas del museo de arte de St. Gallen experimentamos la importancia de estas instituciones. Descubrimos a una escultora de El Cairo que vive en Berlín, en una ciudad al noreste de Suiza. Se llama Iman Issa y reinterpreta monumentos arqueológicos milenarios. Conseguimos un grado de profundidad imposible de conseguir en redes sociales. El producto de un comisario y un equipo profesional que decidió que esto merecía la pena ser mostrado.
Y aquí topamos también con otra desventaja de la sobreinformación. Solo porque tenemos toda la información al alcance de nuestra mano no significa que debamos consultarla en todo momento. Existe la tentación de destriparlo todo de antemano. De aprovechar Google Street View para ver los interiores y exteriores del lugar desde el ordenador de casa. No lo hagas si lo puedes evitar. La experiencia perderá el encanto de la novedad. El impacto de lo nuevo.
La tecnología es maravillosa. Pero, a veces, conviene crear estrategias para liberarse de la esclavitud del algoritmo y la sobreinformación. No hagas spoiler a tu propia película.


Cuando entres en el centro histórico de Basilea, no vayas a ningún lugar en concreto.
Camina, merodea, mira los escaparates. Párate a tomar un café, entra en los anticuarios. Siéntate en un banco con vistas al Rhin, visita la tumba del humanista Erasmus. Aprende a perderte y volver a encontrarte. Y vuelta a empezar.
Si quieres profundizar en lo que acabas de ver, todas las semanas el ayuntamiento organiza visitas guiadas por el centro histórico.