Momentos urbanos suizos
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Nuestro viaje al interior del Rolex Learning Center fue un recorrido con un final incierto.
Cuando pensamos que habĂamos llegado a conocer todos los rincones de este edificio, de pronto se abrĂa un nuevo espacio que no habĂamos visto antes.
No habĂa ni una sola lĂnea recta, ni muros separadores ni escaleras. «Los humanos no nos movemos en lĂneas rectas, nos movemos en lĂneas curvas», dice Ryue Nishzawa, del estudio de arquitectura SANAA, quien diseñó el espacio.
Cada sala estaba interconectada por caminos que subĂan y bajaban de forma sinuosa. En cada zona habĂa patios interiores que dejaban entrar la luz, accesibles desde dentro y desde fuera del edificio. Esta porosidad hizo que nunca tuviĂ©semos la sensaciĂłn de estar en un inmueble de grandes dimensiones pese a que abarca más de 20.000 metros cuadrados.
El proyecto naciĂł a partir del deseo de la universidad politĂ©cnica de Lausana (EPFL), una de las más prestigiosas de Europa en ciencia y tecnologĂa, de dar un vuelco a su imagen.
Inaugurado en 2010, hoy es el buque insignia de la instituciĂłn. Un lugar en el centro del campus para ser habitado, con una biblioteca, cantina, zonas de trabajo y abierta al pĂşblico. Un sitio en el que hay libertad para que las ideas fluyan en perfecta comuniĂłn entre el interior y el exterior.
«Los cientĂficos y los artistas tienen mucho en comĂşn. Tienes que ser creativo para ser un buen cientĂfico. La arquitectura es una disciplina que une las dos cosas», decĂa Patrick Aebischer, presidente emĂ©rito de EPFL. «Y eso es lo que queremos transmitir a nuestros alumnos».


Hay muchas maneras de ver el Museo de Arte e Historia de Ginebra.
Yo me quedo con la forma en la que los artistas expuestos en sus salas han interactuado con el paisaje a lo largo de los siglos. Basta ver el horizonte lleno de agua y montañas que se abre cuando hace un dĂa de sol en Ginebra para entender esta fascinaciĂłn.
Cada forma de representar un paisaje es el reflejo de la época en la que fue creado. En los siglos XVI y XVII se mezcla con motivos religiosos. En el siglo XVIII y XIX adquiere tintes más realistas. Y a principios del XX, pintores como Ferdinand Hodler lo pasan por el filtro de la imaginación.
Los cuadros de Hodler ya no están obsesionados con resaltar la realidad. «Toman el concepto del paralelismo, un tĂ©rmino que acuñó para explicar su manera de abordar el arte. Se refiere a su proceso de simplificaciĂłn, simetrĂa, la repeticiĂłn de elementos en los que busca aislar y extraer las cualidades esenciales de la naturaleza. Hodler percibĂa que habĂa un orden en el universo y su trabajo como artista era revelarlo», segĂşn el crĂtico de arte Martin Oldham en la revista Apollo.
Comparar los cuadros de distintas épocas es observar las verdades de cada época.


Hay lugares que devuelven la fe en la humanidad.
Experimentos que demuestran que se pueden hacer las cosas de otra manera. Recobré esa esperanza en un pequeño barrio residencial llamado Halen Siedlung, a las afueras de Berna.
Construido entre 1956 y 1961, es un ejemplo de cómo diseñar barrios más sostenibles, vivibles y humanos.
«Halen no son solo casas adosadas rodeadas de un bosque. Es vivir de manera diferente y más social. La arquitectura está orientada a la convivencia. Hay una plaza del pueblo, una tienda e instalaciones comunitarias. Sin embargo, la privacidad es igual de importante. A pesar de haber sido construido de manera compacta, nadie puede ver la habitación del vecino».
AsĂ es como Fritz Thormann describĂa la experiencia de habitar este barrio en una entrevista para el periĂłdico Berner Zeitung. El veterano arquitecto hablaba con conocimiento de causa; participĂł en la construcciĂłn de la urbanizaciĂłn y lleva viviendo allĂ desde los inicios.
Pese a sus orĂgenes socialistas, la singularidad del barrio ha contribuido a que haya mucha demanda para vivir aquĂ con precios que superan los 800.000 francos suizos. Sin embargo, «rara vez salen al mercado inmobiliario. Los padres, a menudo, pasan la casa a sus hijos», segĂşn Thormann.
Pero no vale con describirlo de manera abstracta. Hay que vivirlo. Llegamos en un dĂa muy caluroso. Caminamos por sus calles e hicimos fotos de forma discreta para no incomodar a los vecinos. Nos sentamos en la sombra durante un buen rato. Y nos fuimos por un camino de tierra que llevaba a un bosque frondoso para coger el bus de vuelta a la ciudad. Esa noche, de vuelta en el hotel, pensĂ© que el mundo serĂa mucho mejor si hubiese miles de Halen Siedlung repartidos por el planeta.


Cuando visitamos ciudades histĂłricas, es comĂşn escuchar historias de arquitectos de siglos pasados que dejaron su impronta en la ciudad.
En Basilea, en cambio, los arquitectos que más han contribuido a su paisaje urbano siguen vivos y activos. El estudio Herzog & de Meuron ha construido más de 50 proyectos en la ciudad y alrededores desde sus inicios en 1978. Sus fundadores, Jacques Herzog y Pierre de Meuron, cumplieron 70 años este año y siguen transformando Basilea. Roche Tower (178 m), la torre más alta de Basilea, lleva su firma. Y ya están construyendo un edificio que será más alto todavĂa, Building 2 (205 m), tambiĂ©n para la farmacĂ©utica Roche. De lo micro a lo macro, su sello se encuentra en toda la ciudad.
Quizá lo más interesante de este estudio de arquitectura es el intento de no repetirse jamás. A diferencia de otros arquitectos que buscan reproducir su sello una y otra vez sin importar el lugar donde se encuentra, ellos siempre buscan huir de la estandarizaciĂłn. Para los interesados en una mirada más profunda sobre su contribuciĂłn a la ciudad recomendamos el libro ‘From Basel, Herzog & de Meuron’, de Jean-François Chevrier.


Estamos en la era de la distracciĂłn. Hasta aquĂ, nada que no sepamos ya.
Pero ya en 1991, los artistas Peter Fischli (1952) y David Weiss (1946-2012) lo vieron venir y elaboraron esta serie de consejos para ayudarnos a trabajar mejor:
Haz una sola cosa a la vez.
Identifica el problema.
Aprende a escuchar.
Aprende a hacer preguntas.
Diferencia la sensatez de la insensatez.
Acepta los cambios como inevitables.
Reconoce tus errores.
Hazlo de un modo simple.
Mantén la calma.
SonrĂe.
Creado en 1991, el decálogo nació a partir de un cartel que los artistas encontraron en una fábrica de cerámica tailandesa a finales de los 80.
Con su caracterĂstica ironĂa fina, Fischli y Weiss posicionaron el mural para que la gente que trabajaba dentro de la oficina no pudiese ver los consejos.
«Su obra no busca crear ni imponer significados; no pretende decir cuál es el valor del arte. Por el contrario, intenta evidenciar la presencia del arte en los hechos y objetos más ordinarios», reflexiona Andrea Bustillos Duharten en la revista Artishock.
Nacidos en Zúrich, los artistas se hicieron mundialmente conocidos por su manera tan ingeniosa de reflexionar sobre los clichés y lo cotidiano.
Encontrar el mural no fue fácil (está en una zona llena de puentes, intersecciones y carreteras). Pero perderse para encontrar algo que deseas ver lo hace más deseable y satisfactorio cuando por fin lo encuentras.
Si no tienes tiempo para visitarlo, existe la posibilidad de verlo desde el tren que conecta el aeropuerto de Zúrich con el centro. Siéntate en el costado izquierdo del vagón, y un minuto antes de llegar a la estación de Oerlikon aparecerá en un abrir y cerrar de ojos.
Imprime sus conclusiones. Cuelgalas en tu despacho. Ăšsalas para blindarte ante las distracciones.


¿Cómo se rinde tributo a la vida y obra de Paul Klee, uno de los artistas suizos más importantes del siglo XX?
Construyendo un museo en su honor. Pero no cualquier museo. AquĂ no hay una exposiciĂłn permanente. Todas son temporales y cada una busca destacar elementos nuevos y desconocidos de Klee.
Cuando lo visitamos, habĂa una muestra temporal sobre los paralelismos entre Klee, Charlie Chaplin y el caricaturista Sonderegger. La colecciĂłn cuenta con 4.000 obras que rotan constantemente segĂşn la temática elegida.
Pero el placer de visitar el museo no se limita a ver cuadros. El edificio es una obra maestra de la arquitectura contemporánea. Las tres olas que dominan la estructura hunden sus cimientos en el pasto verde que lo rodea. Una parte importante del interior está construido bajo tierra, contribuyendo a crear una perfecta armonĂa con el entorno.
En palabras de Renzo Piano, el arquitecto de este edificio, «Klee no merece un museo, sino un paisaje. Cuando conocĂ el lugar lo entendĂ como una escultura de tierra. Por eso debĂa trabajar en ella como un campesino».