Momentos urbanos suizos
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La vida brota bajo este viaducto mientras los trenes pasan por arriba.
En sus 56 arcos no falta de nada. Puedes tomar el aperitivo, dar clases de tango, comprar queso, hacer ejercicio, trabajar un rato en un coworking, comprar muebles, ver un concierto en directo.
Construido en 1894 con piedra tallada, anteriormente albergó talleres y almacenes antes de caer en el olvido. En Zúrich son unos verdaderos maestros del aprovechamiento del espacio y este es el enésimo ejemplo de ello.


Propongo un juego. Para participar necesitas, mĂnimo, un acompañante.
Elige una zona acotada y date 30 minutos para fotografiarla por separado. Ponte un lĂmite: lo ideal es 10 o 15 fotos, te obligará a pensar más antes de pulsar el gatillo. Cuando se acabe el tiempo, sentaos en un cafĂ© y comparad el resultado.
Algunos se fijarán más en paisajes, otros más en detalles. Algunos estarán más interesados en ver cómo interactúa la gente con el espacio, otros preferirán estampas sin personas. Cada mirada es personal. Convierte la conversación en una oportunidad para aprender de la mirada del otro.
La fotografĂa tiene esa capacidad de encuadrar tu propia realidad. AprovĂ©chala.


En cuestiĂłn de minutos se habĂa quedado completamente vacĂa.
Llegamos justo cuando acababa una misa y los feligreses estaban de partida. Desde la calle no habĂa nada que reclamase nuestra atenciĂłn. Era como si no quisieran que entrara nadie: una fachada apagada y un ventanal que no deja ver hacia adentro. Una estructura que imita las formas de una fábrica. Pero lo que la hace interesante es que no es previsible. Todo cambia cuando abres la puerta de entrada. De pronto, reina el silencio seguido del Ă©xtasis por la espectacularidad de este espacio.
Construido entre 1925 y 1927 por el arquitecto Karl Moser, es una de las primeras iglesias construidas en su totalidad con hormigĂłn armado. El edificio es, además, un sĂmbolo de la capacidad de evoluciĂłn que tenemos los seres humanos. A menos de dos kilĂłmetros de ahĂ hay otra iglesia llamada St Paul’s, construida tambiĂ©n por Moser treinta años antes. Es de estilo clásico. Muy distinta a la iglesia de San Antonio. Otro lugar que hay que explorar.


En verano las opciones para tomar algo en ZĂşrich aumentan de forma exponencial.
Una de las más acogedoras es la isla de Bauschänzli, situada en pleno centro histĂłrico. Durante los meses más calurosos se transforma en una terraza sin pretensiones donde tomar algo. Desde aquĂ hay una vista privilegiada de QuaibrĂĽcke, el puente más concurrido de la ciudad, por el que pasan tranvĂas y ciclistas constantemente. Un buen panorama para descansar la vista.


AllĂ arriba, en lo más alto de la ciudad, me quedĂ© traspuesto por un árbol, una haya llorona cuyas ramas tocaban el suelo, contribuyendo a su aire de melancolĂa.
Es posiblemente el árbol más preciado de todo Lausanne en una ciudad que se toma muy en serio el cuidado de sus espacios verdes. El Ayuntamiento ha catalogado más de 20.000 árboles, y su equipo de jardineros presta especial atenciĂłn a especies como esta, que tienen más de un siglo de vida. Una polĂtica que busca no solo dar una vida digna a los árboles más ancianos, sino asegurarles una muerte lo más respetuosa posible sin talas indiscriminadas.
Esta haya llorona se encuentra en el interior del parque de L’Hermitage, un espacio verde paradisĂaco a 10 minutos del centro histĂłrico. Y en el centro de todo, la Fondation L’Hermitage, que organiza exposiciones temporales de arte. El mejor sitio para escapar de la ciudad sin salir de ella.


Estamos en la era de la distracciĂłn. Hasta aquĂ, nada que no sepamos ya.
Pero ya en 1991, los artistas Peter Fischli (1952) y David Weiss (1946-2012) lo vieron venir y elaboraron esta serie de consejos para ayudarnos a trabajar mejor:
Haz una sola cosa a la vez.
Identifica el problema.
Aprende a escuchar.
Aprende a hacer preguntas.
Diferencia la sensatez de la insensatez.
Acepta los cambios como inevitables.
Reconoce tus errores.
Hazlo de un modo simple.
Mantén la calma.
SonrĂe.
Creado en 1991, el decálogo nació a partir de un cartel que los artistas encontraron en una fábrica de cerámica tailandesa a finales de los 80.
Con su caracterĂstica ironĂa fina, Fischli y Weiss posicionaron el mural para que la gente que trabajaba dentro de la oficina no pudiese ver los consejos.
«Su obra no busca crear ni imponer significados; no pretende decir cuál es el valor del arte. Por el contrario, intenta evidenciar la presencia del arte en los hechos y objetos más ordinarios», reflexiona Andrea Bustillos Duharten en la revista Artishock.
Nacidos en Zúrich, los artistas se hicieron mundialmente conocidos por su manera tan ingeniosa de reflexionar sobre los clichés y lo cotidiano.
Encontrar el mural no fue fácil (está en una zona llena de puentes, intersecciones y carreteras). Pero perderse para encontrar algo que deseas ver lo hace más deseable y satisfactorio cuando por fin lo encuentras.
Si no tienes tiempo para visitarlo, existe la posibilidad de verlo desde el tren que conecta el aeropuerto de Zúrich con el centro. Siéntate en el costado izquierdo del vagón, y un minuto antes de llegar a la estación de Oerlikon aparecerá en un abrir y cerrar de ojos.
Imprime sus conclusiones. Cuelgalas en tu despacho. Ăšsalas para blindarte ante las distracciones.