Momentos urbanos suizos
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—¡61 millones de francos para la ópera! ¿Y nosotros qué?
Estamos a principios de los 80 y los movimientos estudiantiles están caldeados. Hay mucha frustración. Mientras a los adolescentes les niegan espacios culturales libres y accesibles, el Ayuntamiento acaba de gastar una millonada en la remodelación de la ópera.
Los siguientes años estuvieron dominados por protestas, ocupaciones y presiones. Ruido que acabó dando sus frutos cuando en 1988 abrió el centro juvenil Dynamo, respaldado con 15 millones de francos de dinero público. 30 años más tarde, el proyecto ha conseguido mantenerse alejado de la institucionalidad con una propuesta que evoluciona con los tiempos.
En el interior hay talleres, estudios de grabación, laboratorios e impresoras que permiten a los jóvenes desarrollar sus inquietudes. En el sótano hay una discoteca participativa cuyos responsables rotan con el fin de coger experiencia laboral.
Situado en una antigua fábrica de cerveza, el edificio se encuentra sobre el río Limago. Una zona de baño posindustrial con un restaurante que sirve platos sencillos a precios razonables.
Una buena oportunidad para empaparse de la cultura juvenil en Zúrich.


En verano las opciones para tomar algo en Zúrich aumentan de forma exponencial.
Una de las más acogedoras es la isla de Bauschänzli, situada en pleno centro histórico. Durante los meses más calurosos se transforma en una terraza sin pretensiones donde tomar algo. Desde aquí hay una vista privilegiada de Quaibrücke, el puente más concurrido de la ciudad, por el que pasan tranvías y ciclistas constantemente. Un buen panorama para descansar la vista.

En el verano estarás resguardado del sol y en invierno, protegido de la lluvia.
Los soportales de la ciudad cumplen su función a la perfección y hay más de seis kilómetros distribuidos por toda la urbe. El ser humano importa más que los coches en Berna.


Ernst Beyeler dedicó media vida a construir una de las colecciones privadas de arte moderno más completas del mundo.
Y cuando lo consiguió, dedicó lo que le quedaba de vida, junto a su mujer Hildy, a crear una fundación para que cualquier pudiese disfrutarla.
Picasso, Monet, Matisse, Rothko… La lista de grandes nombres presentes en el museo es extensa, muchos de ellos amigos personales de Beyeler. Pero incluso aunque no tuviese ningún cuadro conocido, merecería la pena visitarlo por la singular arquitectura del edificio que lo alberga. Proyectado por el arquitecto Renzo Piano, la fundación se diseñó para potenciar la presencia de la luz natural a petición del propio Beyeler. Era la mejor manera de disfrutar las obras, según el coleccionista. Para ello el arquitecto instaló unos cristales especiales que dejan entrar la luz, pero que, a la vez, filtran los rayos uva más fuertes para evitar dañar las obras. Los ventanales hacen innecesario el uso de luz artificial y permiten contemplar los prados verdes que rodean el edificio.
La fundación organiza, además, exposiciones temporales de altísimo nivel. Durante nuestra visita hubo una retrospectiva dedicada a Hopper.
Beyeler también fue una pieza clave en la consolidación de Basilea como uno de los grandes centros del arte. Tuvo un papel fundamental en los años 70 en la creación de Art Basel, que hoy es la feria de arte contemporáneo más influyente del planeta.


Hay rincones de Ginebra que no han cambiado nada en los últimos siglos.
Si obviamos la luz eléctrica y algún elemento más, esta foto se podría haber tomado en el siglo XIX.
¿Quién vivió aquí hace dos siglos? ¿Cómo se llamaba y qué ropa vestía?
La imaginación es un elemento imprescindible para hacer más inmersivos nuestros viajes. No olvidemos utilizarla de vez en cuando.



No vale con tener un espacio público espectacular.
Hay que habitarlo. Hay que usarlo, cuidarlo y vivirlo. Y en eso los ciudadanos de Zúrich son verdaderos expertos.
En verano, el verde se funde con el azul del lago. La hora de la comida se convierte en una oportunidad para tirarse al agua. Cuando llega el fin de semana, la interacción con el lago se vuelve más intensa todavía.
Habita Zúrich como otro ciudadano más. Aprovecha las ventajas de ser un outsider. Convierte lo ajeno en propio. Consigue una entrada al teatrillo de la ciudad. ¡Es gratis!