Momentos urbanos suizos
0
Prueba ajustar tu búsqueda eligiendo más de una ciudad, eliminando todos los filtros o seleccionando varias experiencias a la vez.
+ momentos


Este mirador tobogán es para adultos que siguen sintiéndose niños o niños que no quieren dejar de serlo.
Desde arriba se ve todo el ‘skyline’ de Basilea en el horizonte y directamente debajo, la piezas arquitectĂłnicas que forman el Vitra Campus.
La cima se alcanza a pie. La vuelta a tierra se realiza deslizándote rápidamente por el interior de un tobogán. Su creador, Carsten Höller, es un artista alemán con una especial predilección por este medio de transporte, que ha instalado en varios museos del mundo.
«Un tobogán es un trabajo escultural con un elemento pragmático, una escultura que te permite viajar por su interior. (…) Es un elemento singular para experimentar un estado emocional Ăşnico entre el deleite y la locura».


El ser más poderoso del reino animal yace moribundo, consciente del poco tiempo que le queda.
Una daga clavada en el cuerpo le está dejando sin vida. La escultura se inauguró en 1821 para homenajear a los 760 mercenarios de la Guardia Suiza que murieron protegiendo a Luis XVI durante la Revolución francesa.
Pero el mensaje del leĂłn moribundo es tan universal que trasciende la razĂłn por la que fue esculpido. Su mirada nos recuerda la necesidad de sentir empatĂa hacia los demás.
Mark Twain lo describiĂł como «el trozo de piedra más triste, conmovedor y contundente del mundo». Hay lugares turĂsticos a los que uno llega y difĂcilmente entiende la fama que tienen. Este no es uno de ellos.



100 segundos para llegar a una de las mejores panorámicas de Zúrich.
Es lo que tarda el funicular Polybahn en llegar a la Polyterrase, una plaza libre de obstáculos para contemplar la ciudad.
Aquà se encuentra también la sede monumental de la Universidad Politécnica de Zúrich (ETH, por sus siglas en alemán). Más de 21 premios Nobel (entre ellos Einstein) han pasado por este centro especializado en ciencias, que está entre las 10 mejores universidades del mundo. Sus graduados son tan codiciados que Google tiene una de sus oficinas más importantes del mundo en Zúrich, donde trabajan más de 2.000 personas.
Hoy, más que nunca, el coronavirus nos ha demostrado que una nación que no invierte en ciencia está condenada al fracaso. Algo que los suizos parecen tener muy claro. ETH cuenta con un presupuesto anual acorde a su importancia: 1.885 millones de francos.


Han pasado 30 años desde que un grupo de activistas tomaron el control de esta antigua fábrica y lo convirtieron en el centro de la cultura alternativa de la ciudad.
Desde entonces, ha habido tensiones con las autoridades, pero el proyecto ha conseguido consolidarse.
Un total de 18 asociaciones comparten el espacio, programando mĂşsica en vivo, arte, cine independiente, serigrafia y talleres de trabajo.
L’Usine, junto con Rote Fabrik (Zúrich) y Reitschule (Berna), son los abanderados de la cultura autogestionada en Suiza. Los tres han conseguido apoyo gubernamental sin comprometer su independencia.



A la cima del monte Bré llegamos volando.
El gran mirador de Lugano está conectado con la ciudad con un funicular que llega a su destino con extrema facilidad.
Pero ¿por qué se ven destellos blancos en el margen derecho de esta foto?
Son pequeños errores producto de la fotografĂa analĂłgica, bellos fallos que dan la sensaciĂłn de estar contemplando un sueño o un recuerdo.
En la era de la fotografĂa digital, en la que no hay casi lĂmite de fotos que podemos hacer, trabajar con cámaras que usan carrete obliga a los fotĂłgrafos a tomar menos instantáneas. Es lo que hicimos en este viaje. Todas las imágenes que mostramos en esta guĂa están hechas con cámara analĂłgica.
«Tienes menos margen para equivocarte. Te obliga a pensar más antes de hacer la foto», explica LluĂs, el fotĂłgrafo que me acompaña en esta aventura. «Además, sigues contando con la cámara de tu mĂłvil, por si acaso».
Hay un elemento más que contribuye a la belleza de lo analĂłgico. El revelado. Cuando haces la foto, no tienes una pantalla para poder ver el resultado en tiempo real. Toca esperar hasta el final del viaje. EnvĂas los carretes a un laboratorio y en unos pocos dĂas recibes los resultados en un archivo digital. Un ejercicio de paciencia en la era de la impaciencia.


En Lucerna la división entre la naturaleza y la ciudad está totalmente difuminada.
Allà donde miras hay una extensión de agua y montañas que hace que nunca tengas la sensación de estar en una urbe.
Lucerna mira de frente a la naturaleza que la rodea, la abraza y te anima constantemente a ir hacia ella. Y la mejor manera de hacerlo es, sin duda, en barco, a velocidad pausada, con una cámara o libreta en la mano, con la brisa acariciando la nuca.
Surcar el agua no podrĂa ser más fácil. A unos cien metros de la estaciĂłn central de Lucerna hay un pequeño puerto desde donde, cada hora, salen varias embarcaciones. Elige un destino y deja que el barco te abra camino.