Momentos urbanos suizos
0
Prueba ajustar tu búsqueda eligiendo más de una ciudad, eliminando todos los filtros o seleccionando varias experiencias a la vez.
+ momentos

La región de Ginebra es una isla. Observa su situación en el mapa. Está completamente rodeada por Francia y a apenas 80 kilómetros de la frontera italiana. Una situación geográfica que ha marcado la personalidad de Carouge.
Este pueblo situado a unos pocos kilómetros del centro de Ginebra perteneció durante cuatro siglos al reino de Cerdeña. Ese hecho contribuyó a la arquitectura de ascendencia italiana que hoy domina sus calles. Durante la revolución francesa estuvo en manos de las fuerzas galas antes de pasar a formar parte de Ginebra, su gran rival.
Hoy es considerado un pueblo independiente pero integrado en la ciudad. Una zona con calles tranquilas, ateliers y talleres artesanos. El lugar ideal para ir a una brasserie los fines de semana en un entorno libre de franquicias.
Todos los sábados, los campesinos de la región descienden a las plazas de Carouge para vender sus productos. Quesos, verduras, embutidos… Los ginebrinos dan mucha importancia al comercio de proximidad.
Y como muestra del ambiente relajado y distendido de Carouge, escogimos esta foto de un hombre de mediana edad leyendo el periódico en la plaza del pueblo. Un digno representante de la buena vida italiana.


En cuestión de minutos se había quedado completamente vacía.
Llegamos justo cuando acababa una misa y los feligreses estaban de partida. Desde la calle no había nada que reclamase nuestra atención. Era como si no quisieran que entrara nadie: una fachada apagada y un ventanal que no deja ver hacia adentro. Una estructura que imita las formas de una fábrica. Pero lo que la hace interesante es que no es previsible. Todo cambia cuando abres la puerta de entrada. De pronto, reina el silencio seguido del éxtasis por la espectacularidad de este espacio.
Construido entre 1925 y 1927 por el arquitecto Karl Moser, es una de las primeras iglesias construidas en su totalidad con hormigón armado. El edificio es, además, un símbolo de la capacidad de evolución que tenemos los seres humanos. A menos de dos kilómetros de ahí hay otra iglesia llamada St Paul’s, construida también por Moser treinta años antes. Es de estilo clásico. Muy distinta a la iglesia de San Antonio. Otro lugar que hay que explorar.


Si tienes un reloj de alta gama que no funciona, existe una enorme probabilidad de que Fabian e Yvon Desbiolles sepan cómo arreglarlo.
Padre e hijo regentan uno de los talleres de reparación más prestigiosos de Ginebra. Un trabajo que requiere un nivel de especialización apabullante. Cada reloj artesanal que entra por sus puertas es un mundo. Suyo es el difícil trabajo de averiguar cómo conseguir que funcione de nuevo.
Lo hacen desde una ciudad considerada el centro global de la relojería de lujo. El primer representante de una industria que se concentra principalmente en la suiza francófona (aunque con presencia también en la suiza alemana).
Cuando me asomé al escaparate, padre e hijo se encontraban en ese momento escudriñando los interiores de un reloj con una lupa en la mano. Me hubiera gustado tener un reloj averiado para tener una excusa para entrar, pero tuve que conformarme con ser un voyeur desde el escaparate.


Un objeto esférico captó mi atención mientras el tranvía ralentizaba la marcha para hacer una parada
Lancé una señal a Lluís, el fotógrafo que me acompañó en este viaje, y nos bajamos rápidamente. No sabíamos exactamente qué era, pero decidimos seguir nuestra intuición.
A medida que nos acercamos nos dimos cuenta de que se trataba de una iglesia medio escondida en la esquina de un bloque de apartamentos.
Escudriñamos el edificio desde todos los ángulos posibles para recoger pistas. Las paredes estaban recubiertas de granito rosa y una fuente de agua rodeaba la entrada dando la sensación de estar contemplando un globo flotante.
Después de terminar nuestra investigación visual y hacer las fotos correspondientes, proseguimos nuestra marcha. Hay que estar dispuesto a alterar los planes, aunque no siempre encuentres lo que estás buscando. Sin improvisación no hay sorpresas ni nuevos descubrimientos.
Inaugurada en 1994, su arquitecto, Ugo Brunoni, lo describió así:
«El globo de 20 metros de diámetro está coronado por cuatro campanarios y una cruz, que recuerda, la silueta de la catedral en el casco antiguo. (…) Este centro de paz, aislado del trasiego del barrio, obtiene luz directamente del cielo a través de los lucernarios. (… ) De forma discreta, la iglesia de la Santísima Trinidad no da directamente a la rue de Lausanne, sino que está apartada del tráfico, parcialmente oculta y se revela al final del edificio principal».


Mis prejuicios me dijeron que un restaurante en un tranvía corría el riesgo de ser una turistada.
Mis prejuicios estaban totalmente equivocados. Les Wagons es un lugar con solera en el que puedes tomar un café o cenar en el interior de un vehículo de los años 20 exquisitamente restaurado. Los mismos vagones que hace un siglo transportaban a los ciudadanos de Zúrich hasta el Uetliberg, el gran mirador de la ciudad vecina, fueron rescatados para darles este nuevo propósito.
Abierto en 2015, los interiores y exteriores han sido renovados con una atención al detalle espectacular. Son el fruto del empeño de dos emprendedores locales, Anja Holenstein y Florian Moser-Dubs, que apostaron todo a este proyecto situado en el distrito posindustrial de Lagerplatz.


Café Portier. Qué buen nombre.
Lo vi, me acerqué y me senté. Sin pensarlo demasiado. Sin darle muchas vueltas.
La antigua guarida del portero es hoy un café sugerente para pasar la tarde. Con aires de los años 50, se sitúa en la entrada de Lagerplatz, una zona posindustrial a la que se le ha devuelto la vida con una mezcla de comercios, tiendas y talleres.
¿Cómo sería mi vida aquí? ¿A qué me dedicaría? Durante el tiempo que tardé en acabarme mi té me monté una vida paralela en Winterthur que empezaba todas las mañanas con tomar el desayuno en el Café Portier.