Momentos urbanos suizos
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Sentado en completo silencio me imaginé lo que debieron sentir los peregrinos que viajaban durante semanas para llegar aquí cuando entraban por la puerta.
O el monje que, ávido de conocimiento, caminaba valle tras valle para poder venir y consultar algunos tomos de la biblioteca.
El arquitecto que lo diseñó sabía que estaba creando una puesta en escena. Un paisaje interior de arcos y frescos intercalados para despertar la fe de sus visitantes. Cuando observamos esta iglesia en silencio estamos viendo también una foto fija del final de una época.
«La Abacial es uno de los últimos edificios religiosos monumentales del final del período barroco. Construida sobre una estructura simétrica, con una rotonda en el centro, está decorada en estilo rococó», cuenta el informe de la Unesco. Razones de peso que llevaron al organismo a inscribir la catedral y la abadía como Patrimonio de la Humanidad en 1983.
Hoy las iglesias se han convertido en uno de los últimos refugios del silencio. Un lugar para escuchar el silencio.


Esta historia empieza con un incendio en 1981.
El fuego reduce a escombros la principal fábrica de la marca de muebles Vitra, situada a las afueras de Basilea. Su dueño, Rolf Fehlbaum, convierte la tragedia en una oportunidad para empezar de nuevo. Contacta con el arquitecto británico Nicholas Grimshaw para encargarle el nuevo edificio. Y a partir de ahí, Fehlbaum le coge el gusto a trabajar con las mejores mentes para ir desarrollando el campus. Unos años después entra en contacto con Frank Gehry, un arquitecto estadounidense prácticamente desconocido fuera de su país, para encargarle una nueva ala de su fábrica. La colaboración funciona tan bien que vuelve a trabajar con él para edificar un museo que albergue su colección de muebles.
El empresario suizo se revela como un ojeador de talento arquitectónico nato. A principios de los 90, acude al japonés Tadao Ando para encargarle el proyecto de unas salas de conferencias. Será este el primer encargo que recibe el arquitecto fuera de Japón. En paralelo, quiere diseñar también una sala de bomberos y decide arriesgarse confiando para ello en una desconocida Zaha Hadid. Será el primer encargo que recibe la arquitecta de origen iraquí.
Los trabajos que estos arquitectos realizaron aquí dieron un importante impulso a sus carreras: hoy se consideran superestrellas de la arquitectura. Pero la fascinación por la buena arquitectura aún no ha acabado; el campus es un espacio en continua evolución. Desde entonces, también han dejado su impronta Álvaro Siza, Herzog & de Meuron y SANAA.
Visitar el Vitra Campus requiere cruzar la frontera con Alemania. El tranvía número 8 lleva a la estación de Weil am Rhein. Desde allí hay un paseo de 15 mins hasta llegar al campus. Pero nuestra manera favorita de llegar es haciendo el paseo 24 Steps desde la fundación Beyeler.


Han pasado 30 años desde que un grupo de activistas tomaron el control de esta antigua fábrica y lo convirtieron en el centro de la cultura alternativa de la ciudad.
Desde entonces, ha habido tensiones con las autoridades, pero el proyecto ha conseguido consolidarse.
Un total de 18 asociaciones comparten el espacio, programando música en vivo, arte, cine independiente, serigrafia y talleres de trabajo.
L’Usine, junto con Rote Fabrik (Zúrich) y Reitschule (Berna), son los abanderados de la cultura autogestionada en Suiza. Los tres han conseguido apoyo gubernamental sin comprometer su independencia.



Después de unos días de sol, las nubes grisáceas se confabularon esa mañana para dar un aire de intriga al jardín botánico.
Entramos en uno de los invernaderos y un aspersor empezó a regar el ambiente con agua pulverizada, contribuyendo a remarcar la atmósfera misteriosa. Las plantas empujaban contra los cristales empañados creando escenas que parecían sacadas de un cuadro impresionista. Mi primer impulso fue fotografiarlo todo. Pero desistí para no perderme muchas cosas.
El jardín botánico de Ginebra es un mundo natural miniaturizado. Un lugar en el que plantas de los seis continentes comparten espacio y vida. Uno de los lugares favoritos de los ginebrinos para sus citas, comer un bocadillo a mediodía o simplemente huir de la ciudad sin salir de ella.
Un viaje dentro de un viaje para ver las maravillas del mundo natural.

Sentado en un banco del parque de Los Bastiones me encontré cara a cara con estos cuatro gigantes que nos miraban con extrema severidad
Guillaume Farel, Juan Calvino, Teodoro de Beza y John Knox (de izquierda a derecha) fueron grandes figuras de la Reforma, la época entre 1517 y 1648 en la que países de toda Europa se separaron de la Iglesia católica.
Aunque se considera a Lutero como el gran precursor de este movimiento, cada país acabó adoptando su propia versión de la Reforma. En Suiza, Juan Calvino fue la figura clave, un predicador francés que desarrolló gran parte de su actividad en Ginebra.
De forma muy resumida, la Reforma se liberó de una Iglesia católica a la que consideraba corrupta. Apostó por la frugalidad en contraposición a la ostentación de Roma y sus satélites. Y abogó por volver a la Biblia como el único texto válido para regir nuestras vidas en oposición a la interpretación tergiversada del papa y sus sacerdotes.
Hoy muchas de sus acciones, como destruir la iconografía en las iglesias, serían vistas como propias de extremistas. Pero tampoco hay que perder de vista los efectos positivos que tuvo al promover la descentralización del poder.
¿Esta explicación te ha sabido a poco? Ginebra cuenta con un museo en el centro histórico dedicado a contar la historia de la Reforma en profundidad.


Lluís tomó esta foto desde la proa del barco M.N Ceresio.
La hizo cuando nos íbamos. Un recuerdo fijado de una tarde pasada en Morcote. Una despedida a cámara lenta.
Morcote es un pueblo pequeño cuyos habitantes siempre han soñado a lo grande. Ningún edificio está fuera de lugar. Ningún elemento de sus calles sobra. Siglos de prueba y error.
Este apego por lo bello contaminó también a los que venían de fuera. Hermann Arthur Scherrer escogió Morcote en los años 30 para crear un jardín botánico. El empresario compró una hectárea de terrenos y los llenó de paisajes indo asiáticos y mediterráneos. Hoy este parque está abierto al público.
En Morcote experimentamos la disonancia cognitiva de estar en un pueblo mediterráneo en un país sin salida al mar.