Momentos urbanos suizos
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Vivimos sometidos a la dictadura del algoritmo.
De la personalización de nuestros ‘feeds’, del intento constante de condicionar nuestros gustos. Hechos que hacen más importante que nunca mantener vivas las miradas independientes de museos como el Kunstmuseum de St. Gallen.
Estas instituciones no lo tienen fácil para atraer nuestra atención. Estar expuestos a centenares de imágenes cada día crea la falsa sensación de que lo conocemos todo. De que lo que vemos en el mundo físico recuerda a algo que ya hemos visto en Twitter e Instagram. Pero esta sensación es frecuentemente superficial. Ver mucho no significa conocerlo.
En una de las salas del museo de arte de St. Gallen experimentamos la importancia de estas instituciones. Descubrimos a una escultora de El Cairo que vive en Berlín, en una ciudad al noreste de Suiza. Se llama Iman Issa y reinterpreta monumentos arqueológicos milenarios. Conseguimos un grado de profundidad imposible de conseguir en redes sociales. El producto de un comisario y un equipo profesional que decidió que esto merecía la pena ser mostrado.
Y aquí topamos también con otra desventaja de la sobreinformación. Solo porque tenemos toda la información al alcance de nuestra mano no significa que debamos consultarla en todo momento. Existe la tentación de destriparlo todo de antemano. De aprovechar Google Street View para ver los interiores y exteriores del lugar desde el ordenador de casa. No lo hagas si lo puedes evitar. La experiencia perderá el encanto de la novedad. El impacto de lo nuevo.
La tecnología es maravillosa. Pero, a veces, conviene crear estrategias para liberarse de la esclavitud del algoritmo y la sobreinformación. No hagas spoiler a tu propia película.


En una explanada frente a la estación central se está gestando uno de los proyectos culturales más ambiciosos de la historia reciente de Lausana.
En total, 180 millones de francos han sido asignados a este proyecto que empezó con la inauguración del nuevo Museo de Bellas
Artes en 2019.
El edificio, diseñado por el estudio barcelonés Barozzi Veiga, se construyó en terrenos ocupados anteriormente por talleres de reparación de trenes. El interior es amplio y está planteado como un recorrido con un comienzo y un final. La colección es notable, con cuadros de Valloton, Twombly, Klee y Courbet.
Próximamente se irán añadiendo los museos de diseño (Mudac) y fotografía (Musée Elysee) al complejo. Todos tendrán su propio edificio bajo el mismo paraguas: Plateforme 10.


En cuestión de minutos se había quedado completamente vacía.
Llegamos justo cuando acababa una misa y los feligreses estaban de partida. Desde la calle no había nada que reclamase nuestra atención. Era como si no quisieran que entrara nadie: una fachada apagada y un ventanal que no deja ver hacia adentro. Una estructura que imita las formas de una fábrica. Pero lo que la hace interesante es que no es previsible. Todo cambia cuando abres la puerta de entrada. De pronto, reina el silencio seguido del éxtasis por la espectacularidad de este espacio.
Construido entre 1925 y 1927 por el arquitecto Karl Moser, es una de las primeras iglesias construidas en su totalidad con hormigón armado. El edificio es, además, un símbolo de la capacidad de evolución que tenemos los seres humanos. A menos de dos kilómetros de ahí hay otra iglesia llamada St Paul’s, construida también por Moser treinta años antes. Es de estilo clásico. Muy distinta a la iglesia de San Antonio. Otro lugar que hay que explorar.


La región de Ginebra es una isla. Observa su situación en el mapa. Está completamente rodeada por Francia y a apenas 80 kilómetros de la frontera italiana. Una situación geográfica que ha marcado la personalidad de Carouge.
Este pueblo situado a unos pocos kilómetros del centro de Ginebra perteneció durante cuatro siglos al reino de Cerdeña. Ese hecho contribuyó a la arquitectura de ascendencia italiana que hoy domina sus calles. Durante la revolución francesa estuvo en manos de las fuerzas galas antes de pasar a formar parte de Ginebra, su gran rival.
Hoy es considerado un pueblo independiente pero integrado en la ciudad. Una zona con calles tranquilas, ateliers y talleres artesanos. El lugar ideal para ir a una brasserie los fines de semana en un entorno libre de franquicias.
Todos los sábados, los campesinos de la región descienden a las plazas de Carouge para vender sus productos. Quesos, verduras, embutidos… Los ginebrinos dan mucha importancia al comercio de proximidad.
Y como muestra del ambiente relajado y distendido de Carouge, escogimos esta foto de un hombre de mediana edad leyendo el periódico en la plaza del pueblo. Un digno representante de la buena vida italiana.


Hay un edificio sobre el lago de Lucerna que se distingue de todos los demás.
No solo por lo que se ve, sino por lo que deja ver. Por la manera en que dialoga con el agua y las montañas en el horizonte.
El KKL es el centro cultural más importante de la ciudad. Es el primer gran edificio que uno se encuentra al salir de la estación de trenes de Lucerna y se ha convertido en el icono contemporáneo de la ciudad.
El agua siempre está presente en su interior. Desde los ventanales, que te recuerdan constantemente la presencia del lago, hasta los canales de agua que atraviesan el interior del edificio.
Construido entre 1995 y 2000, el KKL ha sido un revulsivo para una ciudad histórica y tradicional. «Realmente fue un deseo de la ciudad y eso no siempre ocurre con mis obras», reflexionaba su arquitecto Jean Nouvel en una entrevista en 2015. «Es un reflejo de una era. El paso del siglo XX al siglo XXI».



Las ciudades están llenas de no lugares.
Un concepto acuñado por el antropólogo Marc Augé y que se refiere a esos espacios que carecen de una identidad más allá del uso utilitario que se hace de ellos. Autopistas, aeropuertos, supermercados.
Cuando me sumergí en el túnel que pasa por debajo de la estación central de Lugano actúe como cualquier otro lo haría. Caminé sin pensar mucho en dónde estaba. Miré hacia adelante, buscando la luz al final del túnel que indicara la salida. De pronto, una serie de pantallas empezaron a moverse a medida que me acercaba a ellas. Me paré y durante unos minutos interactúe con esta instalación que me retaba a interrumpir mi paseo.
«Reproduce en tres dimensiones el cerebro, una gran red neuronal donde las pantallas LED representan las neuronas, mientras las cuerdas actúan como sinapsis que mueven los impulsos nerviosos de un lugar a otro», dicen los autores de la obra pública Alex Dorici y Luca María Gambardella. El no lugar, de pronto, se había convertido en algo más que un simple túnel.