Momentos urbanos suizos
0
Prueba ajustar tu búsqueda eligiendo más de una ciudad, eliminando todos los filtros o seleccionando varias experiencias a la vez.
+ momentos

La proliferación de páginas como Tripadvisor ha llevado a muchos a no poder tomar una decisión sin consultar primero las puntuaciones y opiniones de otros usuarios sobre un bar, hotel o restaurante.
Y aunque puede tener su sentido en determinados momentos, hacerlo por defecto nos lleva a perder uno de los factores más placenteros de viajar: la sorpresa y la improvisación.
Algo así nos pasó con el bar Drei Eidgenossen, situado en Rathausgasse, una de las calles más antiguas de Berna. No fue necesario mirar ninguna web ni preguntar a nadie para sentarnos en su terraza. La energía que desprendía era suficiente. Nuestra intuición nos dijo que este era un buen sitio para parar a tomar algo, y así fue. Si alguna vez te equivocas, tampoco pasa nada. Es un pequeño precio que hay que pagar para tomar las riendas de tu viaje. No podemos delegar todas nuestras decisiones en los demás.


El centro de decisiones de la ciudad Basilea destaca de todos los edificios a su alrededor por el color rojizo que envuelve su fachada.
Cruzamos la puerta de entrada y llegamos a un patio interior cubierto de murales pintados. Como muchos edificios antiguos, el edificio que vemos hoy es el producto de varias reformas a lo largo de los siglos. La parte central se construyó entre 1504 y 1514 para conmemorar la entrada de Basilea en la confederación suiza. En el siglo XVII se añadió una nueva ala y posteriormente, a finales del siglo XIX, se edificó la torre y el edificio situado en el extremo izquierdo del ayuntamiento.
Aunque hace tiempo que las oficinas fueron instalados en otra parte, sigue albergando el parlamento cantonal en el que se debaten y toman las decisiones. Sus 130 miembros se reúnen dos veces al mes aquí. El exterior sorprende, pero lo verdaderamente interesante está en el interior. Todos los sábados se organizan visitas guiadas para verlo.


Hay quien no sale nunca de las zonas turísticas.
Arrastramos inercias que nos llevan solo a los lugares que han sido preparados para ser vistos. Pero siempre merece la pena reservarse un rato para ver cosas más cotidianas. Caminar por un barrio residencial, por ejemplo, como hicimos en St. Gallen.
Allí donde acababa el casco viejo encontramos unas calle empinadas que llevaban a una casas señoriales custodiadas por árboles gigantes. ¿Cómo se construyen? ¿Qué tipo de coches hay aparcados? ¿La gente se saluda por la calle? Entrena la mirada para fijarte en lo cotidiano. No puedes juzgar una ciudad únicamente por su centro histórico.


Mientras los asistentes hacían cola para la exposición temporal de Hopper, nosotros nos alejamos del barullo dirigiéndonos a las habitaciones situadas en el extremo opuesto de la fundación Beyeler.
De pronto, llegamos a una pequeña sala escondida de todas las demás. En su interior reinaba el silencio y había cuatro cuadros, todos de Mark Rothko. En el centro, un banco solitario nos invitaba a tomar asiento.
«Si solo te fijas en el color, te acabarás perdiendo algo. Me interesa expresar solo las emociones humanas más básicas», decía el artista. Para él, el espacio donde se veía el cuadro era tan importante como el cuadro en sí mismo. Elegía lienzos grandes para que la obra te envolviese. «¡Estas dentro de él, es algo que controlas tú!», afirmaba Rothko. «La gente que llora ante mis obras están teniendo la misma experiencia religiosa que cuando los pinté».
Durante esos 10 minutos que permanecimos en la sala sentimos a Rothko como nunca lo habíamos sentido. No era un cuadro que nos pidiese viajar a otro lugar. Todo lo que tenía que decir estaba allí en el momento presente.



No vale con tener un espacio público espectacular.
Hay que habitarlo. Hay que usarlo, cuidarlo y vivirlo. Y en eso los ciudadanos de Zúrich son verdaderos expertos.
En verano, el verde se funde con el azul del lago. La hora de la comida se convierte en una oportunidad para tirarse al agua. Cuando llega el fin de semana, la interacción con el lago se vuelve más intensa todavía.
Habita Zúrich como otro ciudadano más. Aprovecha las ventajas de ser un outsider. Convierte lo ajeno en propio. Consigue una entrada al teatrillo de la ciudad. ¡Es gratis!


¿Qué sentido tiene tener un museo de fotografía si todos tenemos la capacidad de hacer fotos?
La realidad nos muestra que nunca fue más importante contar con centros como el Fotomuseum Winterthur para ayudarnos a desarrollar una mirada crítica. El lenguaje hace tiempo que dejó de estar dominado únicamente por la palabra hablada y escrita. El verdadero idioma del siglo XXI son las imágenes que vemos a diario. Y la mejor manera de estar preparados para entender e interpretar la realidad es ejercitarnos.
«La política de ver y ser visto, observar y ser observado y ser reconocido siempre están relacionados con intereses de poder que modifican nuestra realidad social. En la imagen fotográfica, una multitud de miradas no solo se encuentran a sí mismas, nunca son neutrales. Especificaciones técnicas de la cámara, la cultura y mentalidad del fotógrafo y sus espectadores, pero también las instituciones y corporaciones que controlan y filtran lo que se puede ver y el valor que se le asigna a ello y lo que, a su vez, debe mantenerse oculto. Bajo la influencia de los algoritmos y las imágenes en red, las dinámicas vuelven a cambiar».
La introducción de la exposición ‘SITUATIONS/El derecho a mirar’ que nos encontramos durante nuestra visita demuestra que esto es algo que Fotomuseum Winterthur se toma muy en serio.
Fundado en 1993, la fundación navega por el delicado proceso de preservar el pasado y el presente de la fotografía. Prepararnos para un mundo en el que tener una dieta visual sana es tan importante como comer bien o ejercitar el cuerpo.