Momentos urbanos suizos
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La mejor forma de llegar a una ciudad es en barco. Es una llegada a cámara lenta. Un cuadro que empieza siendo abstracto y difuminado cuando el destino es aĂşn lejano, y que se va haciendo más nĂtido a medida que nos vamos acercando
Aquel dĂa, el barco entrĂł a puerto y sonĂł la sirena. El motor de vapor empezĂł a reducir sus revoluciones. Las gaviotas se volvieron cada vez más ruidosas y agitadas, contribuyendo a la expectaciĂłn de la llegada. El cielo se fue anaranjado a medida que el sol preparaba su despedida. Los bañistas agitaban sus manos para darnos la bienvenida. El capitán encendiĂł su micrĂłfono y anunciĂł. «Hemos llegado a Ginebra, Ăşltimo destino».


Propongo un juego. Para participar necesitas, mĂnimo, un acompañante.
Elige una zona acotada y date 30 minutos para fotografiarla por separado. Ponte un lĂmite: lo ideal es 10 o 15 fotos, te obligará a pensar más antes de pulsar el gatillo. Cuando se acabe el tiempo, sentaos en un cafĂ© y comparad el resultado.
Algunos se fijarán más en paisajes, otros más en detalles. Algunos estarán más interesados en ver cómo interactúa la gente con el espacio, otros preferirán estampas sin personas. Cada mirada es personal. Convierte la conversación en una oportunidad para aprender de la mirada del otro.
La fotografĂa tiene esa capacidad de encuadrar tu propia realidad. AprovĂ©chala.


La urbanidad en ZĂşrich es relativa.
A cinco minutos de la zona más concurrida de la ciudad encuentras la calma más absoluta. El canal Schanzengraben rodea el centro histĂłrico, pero es casi imperceptible si no lo conoces. Durante siglos se utilizĂł como foso de agua para proteger las murallas de la ciudad antigua. Hoy aĂsla del ruido de la urbe y actĂşa como zona de recreo. Es aquĂ donde encontramos uno de nuestros locales favoritos de ZĂşrich, el bar Rimini, que abre a partir de las 19.00 de la tarde.
Durante el dĂa, cambia de uso y de nombre. Se convierte en Männerbad y es una zona de baño gratuita abierta solo para hombres (el nudismo está permitido). Los lunes el espacio se transforma en un mercadillo, popular entre la comunidad creativa de la ciudad.
En ZĂşrich, el uso inteligente del espacio está a la orden del dĂa. Un mismo lugar puede tener muchas caras y eso permite visitarlo más de una vez sin repetir experiencia.


Robert Cappa decĂa que «si una foto no es suficientemente buena es porque no estabas suficientemente cerca».
Decidimos aplicarnos el cuento. Desde la calle no alcanzamos a captar el poderĂo de esta fachada, asĂ que decidimos acercarnos un poco más. El edificio de enfrente estaba abierto. Subimos las escaleras de emergencia hasta llegar al cuarto piso, abrimos la ventana y ¡zas! ¡Lo tenĂamos!


Hay muchas maneras de ver el Museo de Arte e Historia de Ginebra.
Yo me quedo con la forma en la que los artistas expuestos en sus salas han interactuado con el paisaje a lo largo de los siglos. Basta ver el horizonte lleno de agua y montañas que se abre cuando hace un dĂa de sol en Ginebra para entender esta fascinaciĂłn.
Cada forma de representar un paisaje es el reflejo de la época en la que fue creado. En los siglos XVI y XVII se mezcla con motivos religiosos. En el siglo XVIII y XIX adquiere tintes más realistas. Y a principios del XX, pintores como Ferdinand Hodler lo pasan por el filtro de la imaginación.
Los cuadros de Hodler ya no están obsesionados con resaltar la realidad. «Toman el concepto del paralelismo, un tĂ©rmino que acuñó para explicar su manera de abordar el arte. Se refiere a su proceso de simplificaciĂłn, simetrĂa, la repeticiĂłn de elementos en los que busca aislar y extraer las cualidades esenciales de la naturaleza. Hodler percibĂa que habĂa un orden en el universo y su trabajo como artista era revelarlo», segĂşn el crĂtico de arte Martin Oldham en la revista Apollo.
Comparar los cuadros de distintas épocas es observar las verdades de cada época.

En los tres años que viviĂł en Berna (1903-1905), Albert Einstein desarrollĂł la teorĂa de la relatividad, una de las contribuciones más importantes del cientĂfico al destino de la humanidad.
Y dicen que uno de los elementos que más inspirĂł al fĂsico alemán fue Zytglogge, el gran reloj que domina el centro de Berna. Situado en la calle donde vivĂa con su primera mujer, Mileva Marić, fue aquĂ donde se dio cuenta de que el tiempo podĂa ir a distintas velocidades, dependiendo del movimiento de cada uno.
En palabras de la BBC, «Einstein escuchĂł la campana una tarde de mayo de 1905. (…) Cuando mirĂł a la torre, de pronto se imaginĂł una escena inimaginable. ÂżQuĂ© pasarĂa si un tranvĂa se alejara de la torre a la velocidad de la luz? Si Ă©l estuviera sentado en el tranvĂa, su reloj seguirĂa marcando el paso del tiempo. Pero si girase para ver la torre, el reloj estarĂa parado».