Momentos urbanos suizos
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En Les Grottes habita una Ginebra paralela sin vistas al lago ni hoteles de lujo ni tiendas de alta gama.
Es una Ginebra con los pies en la tierra, sin nombres compuestos, donde la gente se pide un café y echa la tarde.
El barrio ha mantenido su personalidad gracias a muchas décadas de lucha vecinal. Las movilizaciones más importantes ocurrieron en los años 70, consiguiendo paralizar un plan del Ayuntamiento que intentó arrasar el barrio para construir un centro comercial y bloques de viviendas.
Hoy Les Grottes está a salvo, pero su espíritu iconoclasta se está viendo amenazado cada vez más por la gentrificación. De momento, la ciudad cuenta con una ventaja para mantener la paz social: un parque de viviendas de protección oficial con alquileres asequibles.


Aquí te hemos contado por qué merece la pena visitar el museo Tinguely.
Y con esta foto te mostramos por qué deberías parar a tomar algo en su café después de ver las obras del artista suizo más importante del siglo XX.



100 segundos para llegar a una de las mejores panorámicas de Zúrich.
Es lo que tarda el funicular Polybahn en llegar a la Polyterrase, una plaza libre de obstáculos para contemplar la ciudad.
Aquí se encuentra también la sede monumental de la Universidad Politécnica de Zúrich (ETH, por sus siglas en alemán). Más de 21 premios Nobel (entre ellos Einstein) han pasado por este centro especializado en ciencias, que está entre las 10 mejores universidades del mundo. Sus graduados son tan codiciados que Google tiene una de sus oficinas más importantes del mundo en Zúrich, donde trabajan más de 2.000 personas.
Hoy, más que nunca, el coronavirus nos ha demostrado que una nación que no invierte en ciencia está condenada al fracaso. Algo que los suizos parecen tener muy claro. ETH cuenta con un presupuesto anual acorde a su importancia: 1.885 millones de francos.


El centro de decisiones de la ciudad Basilea destaca de todos los edificios a su alrededor por el color rojizo que envuelve su fachada.
Cruzamos la puerta de entrada y llegamos a un patio interior cubierto de murales pintados. Como muchos edificios antiguos, el edificio que vemos hoy es el producto de varias reformas a lo largo de los siglos. La parte central se construyó entre 1504 y 1514 para conmemorar la entrada de Basilea en la confederación suiza. En el siglo XVII se añadió una nueva ala y posteriormente, a finales del siglo XIX, se edificó la torre y el edificio situado en el extremo izquierdo del ayuntamiento.
Aunque hace tiempo que las oficinas fueron instalados en otra parte, sigue albergando el parlamento cantonal en el que se debaten y toman las decisiones. Sus 130 miembros se reúnen dos veces al mes aquí. El exterior sorprende, pero lo verdaderamente interesante está en el interior. Todos los sábados se organizan visitas guiadas para verlo.


Esta es la historia de un rico heredero desencantado de los negocios que dedicó su vida a coleccionar obras de arte.
«Una compensación necesaria para la desolación espiritual de mi entorno diario». Un relato que ayuda a explicar por qué una ciudad de 100.000 habitantes tiene una colección de arte que no se encuentra en muchas ciudades que superan el millón.
Se llamaba Oskar Reinhart (1885-1965), nació en Winterthur y pronto se dio cuenta de que lo suyo no era llevar una empresa. Pero tuvo el buen juicio de mantener sus acciones y enseguida empezó a invertir los beneficios que recibía cada año en comprar cuadros.
No lo hacía al azar, ni tampoco le interesaba ser marchante. Lo suyo fue un proceso metódico de recopilación que le llevó a tener una de las colecciones de arte más importantes de Suiza. Más de 600 pinturas que incluyen nombres como Delacroix, Courbet, Degas, Pissarro, Sisley, Renoir y Van Gogh, además de una notable colección de pinturas alemanas románticas.
Aquella mañana nos dirigimos al centro de operaciones de Reinhart. Una villa llamada Am Römerholz que encargó construir en 1915 en una colina con vistas a Winterthur.
Aquí, el joven Reinhart supervisaba la compra de obras. Un artículo de Neue Zürcher Zeitung publicado sobre su vida en 2015 lo describe como una persona disciplinada con los gastos que intentaba no perder el juicio cuando le ofrecían cuadros de pintores famosos. No quería caer en la tentación de comprar un cuadro de segunda de un artista de primera.
El gran beneficiado de su buen ojo fue Winterthur. Desde muy pronto, el heredero tomó la decisión de legar su colección a la ciudad. Obras que hoy se dividen entre la villa y el museo Reinhart am Stadtgarten, en el centro de la ciudad.
Desde el primer momento que cruzamos la puerta de entrada de la villa notamos el buen gusto de este mecenas. Un jardín frondoso rodeaba la casa, con una mezcla variopinta de especies naturales.
En la parte delantera de la casa nos esperaba una terraza acogedora regentada por una simpática camarera dicharachera, que le quitó solemnidad a la villa. No hablaba apenas inglés y nosotros apenas unas pocas palabras de alemán. Recurrimos al lenguaje universal de los signos para hacernos entender.


¿Dónde acaba y dónde empieza la naturaleza en Lugano?
El portón de hierro forjado que aparece en esta foto lo define a la perfección. Esta separación no existe.
Estamos en el Parco Ciani, el cinturón verde que envuelve el centro de la ciudad. Una antigua casa señorial que el Ayuntamiento abrió al público en 1911.
Sus caminos están rodeados de bancos rojos. El parque es también un museo de escultura al aire libre, con una mezcla de obras clásicas y contemporáneas.
En la punta más alejada de la ciudad hay una pequeña playa para darse un baño.