Momentos urbanos suizos
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Hay quien no sale nunca de las zonas turísticas.
Arrastramos inercias que nos llevan solo a los lugares que han sido preparados para ser vistos. Pero siempre merece la pena reservarse un rato para ver cosas más cotidianas. Caminar por un barrio residencial, por ejemplo, como hicimos en St. Gallen.
Allí donde acababa el casco viejo encontramos unas calle empinadas que llevaban a una casas señoriales custodiadas por árboles gigantes. ¿Cómo se construyen? ¿Qué tipo de coches hay aparcados? ¿La gente se saluda por la calle? Entrena la mirada para fijarte en lo cotidiano. No puedes juzgar una ciudad únicamente por su centro histórico.


Hay un museo de arte en St. Gallen en el que no hay que pagar entrada.
La visita consiste en colarse en los pasillos y exteriores de un campus universitario.
Murales gigantes de Joan Mirò pintados sobre las cornisas de las puertas; esculturas de Hans Arp y Alicia Penalba en los patios interiores; móviles de Calder que cuelgan de los tragaluces; brochazos de Tàpies adheridos a las paredes. Los afortunados estudiantes de la Universität St.Gallen se encuentran con estas obras a diario.
Es el resultado de una política iniciada por el rectorado en los años 60 para inspirar a sus estudiantes. Las obras se fueron encargando a la vez que los edificios para estar completamente integradas en el paisaje del campus, una visión más viva del arte, que normalmente exige visitar un museo para ser apreciado.
La vinculación de los estudiantes con las obras es tal que un grupo de alumnos han montado una asociación llamada proARTE, encargada de organizar visitas guiadas por las instalaciones.
Nosotros optamos por explorar el mejor no-museo de arte de Suiza a nuestro aire.


En Les Grottes habita una Ginebra paralela sin vistas al lago ni hoteles de lujo ni tiendas de alta gama.
Es una Ginebra con los pies en la tierra, sin nombres compuestos, donde la gente se pide un café y echa la tarde.
El barrio ha mantenido su personalidad gracias a muchas décadas de lucha vecinal. Las movilizaciones más importantes ocurrieron en los años 70, consiguiendo paralizar un plan del Ayuntamiento que intentó arrasar el barrio para construir un centro comercial y bloques de viviendas.
Hoy Les Grottes está a salvo, pero su espíritu iconoclasta se está viendo amenazado cada vez más por la gentrificación. De momento, la ciudad cuenta con una ventaja para mantener la paz social: un parque de viviendas de protección oficial con alquileres asequibles.


Cuando entres en el centro histórico de Basilea, no vayas a ningún lugar en concreto.
Camina, merodea, mira los escaparates. Párate a tomar un café, entra en los anticuarios. Siéntate en un banco con vistas al Rhin, visita la tumba del humanista Erasmus. Aprende a perderte y volver a encontrarte. Y vuelta a empezar.
Si quieres profundizar en lo que acabas de ver, todas las semanas el ayuntamiento organiza visitas guiadas por el centro histórico.


Estamos en la era de la distracción. Hasta aquí, nada que no sepamos ya.
Pero ya en 1991, los artistas Peter Fischli (1952) y David Weiss (1946-2012) lo vieron venir y elaboraron esta serie de consejos para ayudarnos a trabajar mejor:
Haz una sola cosa a la vez.
Identifica el problema.
Aprende a escuchar.
Aprende a hacer preguntas.
Diferencia la sensatez de la insensatez.
Acepta los cambios como inevitables.
Reconoce tus errores.
Hazlo de un modo simple.
Mantén la calma.
Sonríe.
Creado en 1991, el decálogo nació a partir de un cartel que los artistas encontraron en una fábrica de cerámica tailandesa a finales de los 80.
Con su característica ironía fina, Fischli y Weiss posicionaron el mural para que la gente que trabajaba dentro de la oficina no pudiese ver los consejos.
«Su obra no busca crear ni imponer significados; no pretende decir cuál es el valor del arte. Por el contrario, intenta evidenciar la presencia del arte en los hechos y objetos más ordinarios», reflexiona Andrea Bustillos Duharten en la revista Artishock.
Nacidos en Zúrich, los artistas se hicieron mundialmente conocidos por su manera tan ingeniosa de reflexionar sobre los clichés y lo cotidiano.
Encontrar el mural no fue fácil (está en una zona llena de puentes, intersecciones y carreteras). Pero perderse para encontrar algo que deseas ver lo hace más deseable y satisfactorio cuando por fin lo encuentras.
Si no tienes tiempo para visitarlo, existe la posibilidad de verlo desde el tren que conecta el aeropuerto de Zúrich con el centro. Siéntate en el costado izquierdo del vagón, y un minuto antes de llegar a la estación de Oerlikon aparecerá en un abrir y cerrar de ojos.
Imprime sus conclusiones. Cuelgalas en tu despacho. Úsalas para blindarte ante las distracciones.


Cuando visitamos ciudades históricas, es común escuchar historias de arquitectos de siglos pasados que dejaron su impronta en la ciudad.
En Basilea, en cambio, los arquitectos que más han contribuido a su paisaje urbano siguen vivos y activos. El estudio Herzog & de Meuron ha construido más de 50 proyectos en la ciudad y alrededores desde sus inicios en 1978. Sus fundadores, Jacques Herzog y Pierre de Meuron, cumplieron 70 años este año y siguen transformando Basilea. Roche Tower (178 m), la torre más alta de Basilea, lleva su firma. Y ya están construyendo un edificio que será más alto todavía, Building 2 (205 m), también para la farmacéutica Roche. De lo micro a lo macro, su sello se encuentra en toda la ciudad.
Quizá lo más interesante de este estudio de arquitectura es el intento de no repetirse jamás. A diferencia de otros arquitectos que buscan reproducir su sello una y otra vez sin importar el lugar donde se encuentra, ellos siempre buscan huir de la estandarización. Para los interesados en una mirada más profunda sobre su contribución a la ciudad recomendamos el libro ‘From Basel, Herzog & de Meuron’, de Jean-François Chevrier.