Momentos urbanos suizos
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Las terrazas de Morcote te recuerdan constantemente la presencia del lago.
Y por lo que parece, las personas que decidieron ser enterradas aquí tampoco querían olvidarse de él.
El cementerio monumental de Morcote muestra el talento de sus habitantes a lo largo de los siglos para generar espacios sublimes con su ingenio y destreza. Aquí la muerte no es sombría ni triste. Es una celebración de la belleza de la vida.


Lluís tomó esta foto desde la proa del barco M.N Ceresio.
La hizo cuando nos íbamos. Un recuerdo fijado de una tarde pasada en Morcote. Una despedida a cámara lenta.
Morcote es un pueblo pequeño cuyos habitantes siempre han soñado a lo grande. Ningún edificio está fuera de lugar. Ningún elemento de sus calles sobra. Siglos de prueba y error.
Este apego por lo bello contaminó también a los que venían de fuera. Hermann Arthur Scherrer escogió Morcote en los años 30 para crear un jardín botánico. El empresario compró una hectárea de terrenos y los llenó de paisajes indo asiáticos y mediterráneos. Hoy este parque está abierto al público.
En Morcote experimentamos la disonancia cognitiva de estar en un pueblo mediterráneo en un país sin salida al mar.


Cualquier banda alternativa e independiente que viaja por centroeuropa suele hacer un hueco en su agenda para tocar en el Cinema Palace.
Una sala que ha tenido buen ojo para atraer bandas como The XX, Caribou o Mac deMarco antes de que su fama les llevase a llenar recintos grandes.
Cinema Palace es un modelo a seguir también para todos esos cines que han acabado sus días transformados en tiendas de ropa u hoteles.
Cuando los amplis se apagan y los micrófonos se guardan en la furgoneta, el espacio se usa para montar noches de baile y desenfreno. Es también la sede de una universidad alternativa que organiza conferencias y debates sobre temas alejados del ‘mainstream’.


Brutalismo delicado. Parece un oxímoron.
Los prejuicios han llevado a que muchos piensen que el brutalismo, un estilo arquitectónico popularizado entre los 60 y 70, no puede ser sensible por el uso indiscriminado que hace del hormigón. Esta obra, diseñada por Jack Bertoli en 1975, rompe este mito. El edificio imita las formas de una flor, lo que le ha valido el apodo de La Tulipe (el tulipán). Una pequeña joya que merece ser fotografiada.



175 kilómetros de carriles bici convierten a Winterthur en la mejor ciudad de Suiza para ir en bici.
Casi todo lo importante se puede alcanzar a pie, pero si tienes poco tiempo, ¡alquilate una!


La proliferación de páginas como Tripadvisor ha llevado a muchos a no poder tomar una decisión sin consultar primero las puntuaciones y opiniones de otros usuarios sobre un bar, hotel o restaurante.
Y aunque puede tener su sentido en determinados momentos, hacerlo por defecto nos lleva a perder uno de los factores más placenteros de viajar: la sorpresa y la improvisación.
Algo así nos pasó con el bar Drei Eidgenossen, situado en Rathausgasse, una de las calles más antiguas de Berna. No fue necesario mirar ninguna web ni preguntar a nadie para sentarnos en su terraza. La energía que desprendía era suficiente. Nuestra intuición nos dijo que este era un buen sitio para parar a tomar algo, y así fue. Si alguna vez te equivocas, tampoco pasa nada. Es un pequeño precio que hay que pagar para tomar las riendas de tu viaje. No podemos delegar todas nuestras decisiones en los demás.