Momentos urbanos suizos
0
Prueba ajustar tu búsqueda eligiendo más de una ciudad, eliminando todos los filtros o seleccionando varias experiencias a la vez.
+ momentos

AllĂ arriba, en lo más alto de la ciudad, me quedĂ© traspuesto por un árbol, una haya llorona cuyas ramas tocaban el suelo, contribuyendo a su aire de melancolĂa.
Es posiblemente el árbol más preciado de todo Lausanne en una ciudad que se toma muy en serio el cuidado de sus espacios verdes. El Ayuntamiento ha catalogado más de 20.000 árboles, y su equipo de jardineros presta especial atenciĂłn a especies como esta, que tienen más de un siglo de vida. Una polĂtica que busca no solo dar una vida digna a los árboles más ancianos, sino asegurarles una muerte lo más respetuosa posible sin talas indiscriminadas.
Esta haya llorona se encuentra en el interior del parque de L’Hermitage, un espacio verde paradisĂaco a 10 minutos del centro histĂłrico. Y en el centro de todo, la Fondation L’Hermitage, que organiza exposiciones temporales de arte. El mejor sitio para escapar de la ciudad sin salir de ella.


Puede que el ‘streaming’ haya ganado la partida a las salas de cine, pero no ayuda que muchas salas parezcan cubos negros anodinos.
El Cinema Corso es uno de esos lugares que entendiĂł desde el principio que el sitio donde se ve la pelĂcula es tan importante cĂłmo la pelĂcula que se ve.
Construido en los años 50 por el arquitecto Rino Tami, el interior es una pieza exquisita de diseño de Ă©poca, con poltronas rojas de terciopelo y un techo geomĂ©trico que intercala negro con blanco para crear un efecto Ăłptico electrizante. Justificar una visita puede ser difĂcil si solo has venido a pasar el dĂa, pero si tienes un poco más de tiempo, no hacerlo es delito.


Propongo un juego. Para participar necesitas, mĂnimo, un acompañante.
Elige una zona acotada y date 30 minutos para fotografiarla por separado. Ponte un lĂmite: lo ideal es 10 o 15 fotos, te obligará a pensar más antes de pulsar el gatillo. Cuando se acabe el tiempo, sentaos en un cafĂ© y comparad el resultado.
Algunos se fijarán más en paisajes, otros más en detalles. Algunos estarán más interesados en ver cómo interactúa la gente con el espacio, otros preferirán estampas sin personas. Cada mirada es personal. Convierte la conversación en una oportunidad para aprender de la mirada del otro.
La fotografĂa tiene esa capacidad de encuadrar tu propia realidad. AprovĂ©chala.


Una de las mejores maneras de sentirse local en una ciudad ajena es repetir en un restaurante.
Volver al dĂa siguiente es una señal para los camareros de que te gustĂł y hace que te traten mejor todavĂa que la primera vez.
«Vous etre la resistance» (sois la resistencia), le digo a la simpática mujer mayor que regenta el restaurante Le Thermometre, en referencia la localización de este bistró tradicional en una de las calles más comerciales de Ginebra, llena de tiendas de lujo y grandes multinacionales.
«¡Bien sur! Notre futur c’est garantie» (nuestro futuro está garantizado), me dice señalando a su nieto, que atiende una mesa a nuestro lado.
Las dos veces pedimos el ‘boeuf’ a la plancha, la especialidad de la casa, unos filetes de solomillo cortados finos, acompañados de una salsa que mezcla aceite de oliva, ajo, albahaca, y unas patatas fritas cortadas en rectángulos finĂsimos, un verdadero espectáculo gustativo. De primero, una ensalada verde bien aliñada. El triunfo de la sencillez.


Cuando nos bajamos del autobĂşs, lo primero que pensĂ© es que me habĂa equivocado de sitio.
Vinimos en busca de una iglesia y nos encontramos con un cubo blanco anodino sin ventanas. Rodeamos el costado izquierdo del edificio hasta llegar a la parte trasera y una puerta se abrió automáticamente.
Cruzamos el umbral cegados por la luz del sol, y la atmĂłsfera se transformĂł por completo. El ambiente era oscuro pero bañado en una luminosidad suave. Los muros desprendĂan una luz anaranjada que resaltaba los contornos de la piedra. El arquitecto, Franz FĂĽeg, consiguiĂł este efecto forrando el muro con 888 losas de mármol griego de 20 mm de ancho.
No habĂa cuadros ni sĂmbolos, ni falta que hacĂa. El choque de los rayos del sol con la piedra generĂł una energĂa celestial, independientemente de si uno es creyente o no.
Contemplamos esta maravilla durante 20 minutos en silencio y en soledad. Las ciudades tienen estas recompensas para quien está dispuesto a salirse de las zonas monumentales. Y aquel dĂa encontramos nuestro premio en en Meggen, un pueblo junto a Lucerna.

En el verano estarás resguardado del sol y en invierno, protegido de la lluvia.
Los soportales de la ciudad cumplen su función a la perfección y hay más de seis kilómetros distribuidos por toda la urbe. El ser humano importa más que los coches en Berna.