Momentos urbanos suizos
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Esta foto se tomĂł en Berna, pero podrĂa haberse tomado en cualquier ciudad helvĂ©tica.
Las fuentes urbanas en Suiza tienen un doble propĂłsito: decorar el paisaje urbano y ofrecer agua potable, que fluye de manera constante.
La capital tiene una en cada esquina. Zúrich tiene más de 1.200.
Escucha el sonido hipnotizador que produce el agua cuando cae de las fuentes. UtilĂzalas como recordatorios para parar y descansar. No la compres embotellada; es un sinsentido cuando se tiene acceso a agua que probablemente se originĂł en un glaciar suizo.


El buen diseño no es solo lo que se ve, sino lo que no se ve, y Suiza, muchas veces, se caracteriza por este tipo de diseño.
El reloj mĂtico que cuelga en todas sus estaciones de trenes tiene esta caracterĂstica. Usa lo mĂnimo necesario para decirte la hora. Y no por ello es peor. Al contrario, ofrece una experiencia más limpia y más equilibrada.
En Suiza se inventaron tipografĂas mundialmente conocidas, como la Helvetica y Univers; sus diseñadores se guiaron siempre por el «menos es más», una caracterĂstica que ya se da en su inconfundible bandera.
El diseño de carteles es algo que se toma muy en serio en el paĂs, como puede verse en cuentas de Instagram como @swissposters.
Esta cultura tiene su hogar en el Museum für Gestaltung, que cada año organiza entre cinco y siete exposiciones. Un museo y centro de investigación que almacena más de 500.000 objetos relacionados con la cultura visual.


El KapellbrĂĽcke representa para Lucerna lo mismo que el Coliseo para Roma o la Torre Eiffel para ParĂs.
Es el sĂmbolo de la ciudad. Un puente de madera de más de 200 metros de longitud que tiene sus orĂgenes en el siglo XIX.
El puente está totalmente techado y la parte superior está recubierta de pinturas en formato triangular que te acompañan durante el paseo. Las barandillas están recubiertas de flores rojas, que suavizan las formas de la estructura.
En 1993 un incendio destruyó dos terceras partes de Kapellbrücke, pero si no te lo dicen antes, no te darás cuenta. Tal es la calidad de la reconstrucción.


—Buscamos la piscina —informamos al encargado del local.
—¡Seguidme! —contestó sin pensarlo dos veces.
Nos guio por unas escaleras, sacĂł un juego de llaves, las metiĂł en la puerta y ¡zas! AllĂ estaba. Una piscina interior gigante completamente vacĂa.
—Hemos hecho de todo aquĂ. PelĂculas, presentaciones, exposiciones, fiestas, representaciones teatrales —nos explicĂł visiblemente emocionado por las posibilidades de este enorme cubo rectangular— ¡Ah, que no me he presentado! Me llamo Dominic, por cierto.
En cuestiĂłn de segundos habĂamos llegado al corazĂłn de Neubad, uno de los centros culturales más punteros de Suiza.
Desde 2013, las antiguas instalaciones deportivas han sido transformadas en salas de trabajo y un cafĂ© restaurante muy concurrido por los hĂpsteres locales. Pero el verdadero centro gravitacional de Neubad es, y siempre será, la piscina.
Dominic dice estar tan entusiasmado como el primer dĂa con el proyecto pese a las dificultades de sacarlo adelante. «No pagamos alquiler al Ayuntamiento bajo la condiciĂłn de no costarle ni un franco a las arcas pĂşblicas. Eso nos obliga a no estar quietos nunca; siempre nos inventamos cosas para darle vida a esto».



¿Qué entendemos por comida tradicional en una ciudad en la que el 37% de la población es extranjera?
Markthalle es el lugar al que hay que acudir para descubrirlo. Situado a cinco minutos caminando desde la estaciĂłn central, la visitamos a mediodĂa para comer algo rápido y nos encontramos un ambiente distendido y relajado.
Oficinistas y profesionales liberales hacen cola en unos cuarenta puestos que ofrecen comida de todo el mundo. Teriyaki japonĂ©s, hummus israelĂ, dumplings cantoneses, pad thai tailandĂ©s, souvlaki griego. Comida afgana, etĂope, india, cubana, venezolana, argentina. Las opciones son inabarcables y el hecho de que cada local se especialice en unos pocos platos hace que la calidad-precio sea notable.
Abierto en 1929, el mercado entrĂł en declive a principios de los 2000 antes de ser rescatado por un grupo de promotores que consiguieron reinventarlo. Otro detalle a tener en cuenta: aquĂ se celebran mercados de pulgas los fines de semana.


Tomar un cafĂ©, admirar cuadros del Museo d’Arte della Svizzera Italiana, ver una obra de teatro, escuchar un concierto, asistir a una conferencia…
MASI Lugano es un edificio concebido para integrar todas las artes en un mismo espacio.
Inaugurado en 2014, el edificio se diseñó para integrarse plenamente en la ciudad. No hay apenas barreras entre la calle y el interior. Y el edificio principal se extiende hacia el lago, sujetado por unos pilares que permiten aprovechar el espacio inferior como una plaza pública.
Obra de Ivano Gianola, MASI Lugano es un exponente más de la escuela de arquitectura ticinesa, un movimiento que lleva desde los años 70 ganando prestigio en todo el mundo, abanderado por arquitectos como Mario Botta.
La colección de MASI cuenta con más de 14.000 obras de arte desde finales del siglo XV hasta la actualidad. No solo hay obras de artistas de Ticino, aunque sà constituyen su núcleo principal, sino también de otros artistas artistas suizos o internacionales que han tenido conexiones significativas con el italiano.