Momentos urbanos suizos
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+ momentos

Brutalismo delicado. Parece un oxĂmoron.
Los prejuicios han llevado a que muchos piensen que el brutalismo, un estilo arquitectónico popularizado entre los 60 y 70, no puede ser sensible por el uso indiscriminado que hace del hormigón. Esta obra, diseñada por Jack Bertoli en 1975, rompe este mito. El edificio imita las formas de una flor, lo que le ha valido el apodo de La Tulipe (el tulipán). Una pequeña joya que merece ser fotografiada.



El punto azul de Google Maps se ha convertido en la brĂşjula que alumbra el camino de media humanidad.
Pero el resultado es que, a menudo, acabamos más pendientes de la pantalla del móvil que del lugar donde estamos. El paseo Rehberger está diseñado de tal modo que permite poner el móvil en modo avión y dejarse guiar por las 24 obras de arte instaladas a lo largo de este camino trazado por el artista alemán Thomas Rehberger.
La sensaciĂłn al recorrerlo recuerda a los peregrinos que seguĂan las señales de piedras, estrellas y sĂmbolos pintados en los árboles para no perderse por el camino.
Comenzamos el paseo en la FundaciĂłn Beyeler. Las primeras obras se encuentran en una gran pradera que acaba repentinamente con un rĂo caudaloso. Cruzamos un puente y, de pronto, un paso fronterizo. En el otro lado está Alemania, pero no hay nadie controlando el paso. Es una muestra de que Basilea tiene tan interiorizado su papel de ciudad transfronteriza que cruzar es tan normal como salir a comprar el pan.
El último tramo atraviesa una colina llena de viñedos. Aquà las obras se vuelven más entretenidas. Unos prismáticos púrpura permiten mirar a lo lejos con mayor nitidez. Debajo aparece el Vitra Campus, el destino final de este camino que termina con la obra número 24, situada justo enfrente del Museo de diseño de Vitra. Una obra de Frank Gehry construida en 1989, antes de que se convirtiera en la superestrella de la arquitectura que es hoy.


El rugido delicado del barco resonaba en nuestros oĂdos.
HacĂa solo media hora antes estaba tomando un ‘capuccino’ en el centro de Lugano, y ahora estaba en un pequeño pueblo rodeado de bosques y agua. Los barcos que surcan el lago de Lugano tienen esa capacidad de teletransporte.
La vuelta a la ciudad la hicimos por el sendero de los olivos. Un camino que empieza en el pueblo de Gandria, una localidad que cuenta con una conexiĂłn histĂłrica con Madrid. AquĂ naciĂł y muriĂł Virgilio Rabaglio, el arquitecto que fue maestro de obras del Palacio Real de Madrid en el siglo XVIII y que posteriormente proyectĂł el palacio de RiofrĂo, en Segovia.


Robert Cappa decĂa que «si una foto no es suficientemente buena es porque no estabas suficientemente cerca».
Decidimos aplicarnos el cuento. Desde la calle no alcanzamos a captar el poderĂo de esta fachada, asĂ que decidimos acercarnos un poco más. El edificio de enfrente estaba abierto. Subimos las escaleras de emergencia hasta llegar al cuarto piso, abrimos la ventana y ¡zas! ¡Lo tenĂamos!


Aquà te hemos contado por qué merece la pena visitar el museo Tinguely.
Y con esta foto te mostramos por quĂ© deberĂas parar a tomar algo en su cafĂ© despuĂ©s de ver las obras del artista suizo más importante del siglo XX.



Las ciudades están llenas de no lugares.
Un concepto acuñado por el antropólogo Marc Augé y que se refiere a esos espacios que carecen de una identidad más allá del uso utilitario que se hace de ellos. Autopistas, aeropuertos, supermercados.
Cuando me sumergĂ en el tĂşnel que pasa por debajo de la estaciĂłn central de Lugano actĂşe como cualquier otro lo harĂa. CaminĂ© sin pensar mucho en dĂłnde estaba. MirĂ© hacia adelante, buscando la luz al final del tĂşnel que indicara la salida. De pronto, una serie de pantallas empezaron a moverse a medida que me acercaba a ellas. Me parĂ© y durante unos minutos interactĂşe con esta instalaciĂłn que me retaba a interrumpir mi paseo.
«Reproduce en tres dimensiones el cerebro, una gran red neuronal donde las pantallas LED representan las neuronas, mientras las cuerdas actĂşan como sinapsis que mueven los impulsos nerviosos de un lugar a otro», dicen los autores de la obra pĂşblica Alex Dorici y Luca MarĂa Gambardella. El no lugar, de pronto, se habĂa convertido en algo más que un simple tĂşnel.