Momentos urbanos suizos
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Allí arriba, en lo más alto de la ciudad, me quedé traspuesto por un árbol, una haya llorona cuyas ramas tocaban el suelo, contribuyendo a su aire de melancolía.
Es posiblemente el árbol más preciado de todo Lausanne en una ciudad que se toma muy en serio el cuidado de sus espacios verdes. El Ayuntamiento ha catalogado más de 20.000 árboles, y su equipo de jardineros presta especial atención a especies como esta, que tienen más de un siglo de vida. Una política que busca no solo dar una vida digna a los árboles más ancianos, sino asegurarles una muerte lo más respetuosa posible sin talas indiscriminadas.
Esta haya llorona se encuentra en el interior del parque de L’Hermitage, un espacio verde paradisíaco a 10 minutos del centro histórico. Y en el centro de todo, la Fondation L’Hermitage, que organiza exposiciones temporales de arte. El mejor sitio para escapar de la ciudad sin salir de ella.


Esta foto se tomó en Berna, pero podría haberse tomado en cualquier ciudad helvética.
Las fuentes urbanas en Suiza tienen un doble propósito: decorar el paisaje urbano y ofrecer agua potable, que fluye de manera constante.
La capital tiene una en cada esquina. Zúrich tiene más de 1.200.
Escucha el sonido hipnotizador que produce el agua cuando cae de las fuentes. Utilízalas como recordatorios para parar y descansar. No la compres embotellada; es un sinsentido cuando se tiene acceso a agua que probablemente se originó en un glaciar suizo.


A veces, todo lo que necesitas para decidir sentarte en un lugar es un buen letrero de neón.
Lo vimos desde la calle, en el fondo de una galería comercial con aires modernistas, y no dudamos ni un minuto.
Nos acercamos a la entrada para pedir mesa. ¡Oh! Decepción. «Estamos llenos, lo sentimos mucho», nos informó el maitre en nuestra última noche en Berna.
Seguimos nuestro camino con la duda en el cuerpo. ¿Cómo habría sido nuestra experiencia si hubiesen tenido mesa? ¿Habría cambiado el rumbo de nuestro viaje? Una buena pregunta para debatir con Albert Einstein, que un siglo antes desarrolló la teoría de la relatividad en estas calles.
PD: Al día siguiente descubrimos que nuestra intuición no nos había engañado. Es un local muy popular entre los autóctonos, y entre semana tiene un menú del día por 20 francos, un chollo para Suiza.


Sentado en completo silencio me imaginé lo que debieron sentir los peregrinos que viajaban durante semanas para llegar aquí cuando entraban por la puerta.
O el monje que, ávido de conocimiento, caminaba valle tras valle para poder venir y consultar algunos tomos de la biblioteca.
El arquitecto que lo diseñó sabía que estaba creando una puesta en escena. Un paisaje interior de arcos y frescos intercalados para despertar la fe de sus visitantes. Cuando observamos esta iglesia en silencio estamos viendo también una foto fija del final de una época.
«La Abacial es uno de los últimos edificios religiosos monumentales del final del período barroco. Construida sobre una estructura simétrica, con una rotonda en el centro, está decorada en estilo rococó», cuenta el informe de la Unesco. Razones de peso que llevaron al organismo a inscribir la catedral y la abadía como Patrimonio de la Humanidad en 1983.
Hoy las iglesias se han convertido en uno de los últimos refugios del silencio. Un lugar para escuchar el silencio.


Hay quien solo ve Suiza como un lugar de vacas felices pastando en prados verdes, picos nevados y trenes que llegan siempre a la hora.
Esa Suiza existe, pero es una visión parcial e incompleta.
La cara B del país, el lado más combativo y alternativo, vive en lugares como Reitschule, un centro cultural okupado abierto a todos.
Todo empezó en 1982, cuando un grupo de anarquistas y activistas tomaron el control de esta antigua escuela de equitación. Reclamaban más espacio para la cultura y lo hicieron suyo, llenándolo de proyecciones de cine, conciertos y debates.
Después llegaron cinco años de luchas constantes con las autoridades. Un juego del gato y el ratón en el que la policía expulsaba a los okupas, y pocos días después estos volvían a ocuparlo.
Con el tiempo, el centro se volvió cada vez más integrado en la cultura de la ciudad y el Ayuntamiento optó por rebajar los conflictos sociales con subvenciones y exenciones de alquiler.
Hoy una mayoría de berneses lo consideran una pieza clave en el tejido cultural de la ciudad. Una opinión que dejaron bien clara en el referéndum celebrado en 2010, convocado por la oposición, que pedía cerrar y vender el Reitschule. El 68,4% de la población rechazó la propuesta.



Podría haber estado allí todo el día.
Sentado en el puerto de Ouchy vi entrar y salir media docena de barcos en el espacio de una hora. Pero no eran barcos cualesquiera. Todos funcionaban con vapor, y tenían más de un siglo de vida. La posición de Lausana, situada en el centro del lago Leman, la convierte en un lugar de mucho trasiego para estas embarcaciones.
Que estos barcos monumentales sigan siendo los reyes del lago tiene mucho que ver con el compromiso de CGN, un consorcio público privado que lleva desde el siglo XIX transportando pasajeros por el lago de Lemán.
Lo conseguido por la región es único en el mundo: mantener vivos y en perfectas condiciones barcos de vapor centenarios. Un regalo para quienes tenemos la buena fortuna de subirnos a ellos (todos los trayectos están incluidos en el precio del Swiss Travel Pass).
Los trayectos a bordo de estas joyas son principalmente viajes de placer. No se busca atajar ni ganar tiempo. Lo importante es el recorrido.