Momentos urbanos suizos
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+ momentos

Brutalismo delicado. Parece un oxĂmoron.
Los prejuicios han llevado a que muchos piensen que el brutalismo, un estilo arquitectónico popularizado entre los 60 y 70, no puede ser sensible por el uso indiscriminado que hace del hormigón. Esta obra, diseñada por Jack Bertoli en 1975, rompe este mito. El edificio imita las formas de una flor, lo que le ha valido el apodo de La Tulipe (el tulipán). Una pequeña joya que merece ser fotografiada.


Robert Cappa decĂa que «si una foto no es suficientemente buena es porque no estabas suficientemente cerca».
Decidimos aplicarnos el cuento. Desde la calle no alcanzamos a captar el poderĂo de esta fachada, asĂ que decidimos acercarnos un poco más. El edificio de enfrente estaba abierto. Subimos las escaleras de emergencia hasta llegar al cuarto piso, abrimos la ventana y ¡zas! ¡Lo tenĂamos!


OblĂgate a parar o te perderás muchas cosas.
Suena contradictorio, pero no lo es. Ya no viajamos como en el pasado. Los tiempos son más cortos y se busca hacer lo máximo posible en el tiempo asignado. Es lógico.
Pero viajar no es solo moverse a toda velocidad o coleccionar cromos en Instagram Stories. Viajar tambiĂ©n es reservarse un rato cada dĂa para no hacer nada. Sentarse en un banco mirando al lago de Lucerna, levantar la mirada y asimilar lo que estamos viviendo.
OblĂgate a parar para no perderte muchas cosas.


Un huerto en el casco antiguo.
Caminar sin rumbo por el centro histĂłrico de Berna regala este tipo de caramelos visuales. Entrena la mirada. DĂ©jate llevar por el instinto. No te obsesiones con sacar fotos en cada momento. Cuando algo te llame la atenciĂłn, imagĂnate el encuadre. Cuando te guste lo que ves, acerca el ojo a la mirilla de la cámara y ¡clic!



Ginebra es la ciudad más diversa y cosmopolita de toda Suiza (el 37% de la población es extranjera). Pero si hay un sitio donde las diferencias sociales se difuminan, es en los baños de Paquis, el lugar predilecto de los ginebrinos para poner el cuerpo a remojo durante el verano.
El espacio sigue manteniendo su espĂritu popular y accesible gracias a un grupo de activistas locales, que se movilizaron en 1987. Aquel año el Ayuntamiento presentĂł un proyecto para renovar completamente los baños.
Temerosos de perder la personalidad del espacio, un grupo de activistas constituyeron una asociaciĂłn llamada l’Association d’usagers des Bains des Pâquis (AUBP) y consiguieron firmas para someter el plan a referendum. El 25 de septiembre de 1988, más de 17.000 personas votaron en contra, obligando al Ayuntamiento a abandonar el proyecto.
A partir de esa victoria de la democracia directa, la gestión del espacio ha estado en manos de la AUBP, que sigue velando por la integridad de los baños.
En invierno, existe la tradiciĂłn de venir aquĂ a tomar fondue en su restaurante. Pero en verano es cuando el espacio encuentra su verdadera razĂłn de ser, acogiendo a gente de todas las edades y clases sociales. Una razĂłn de ser por la que merece la pena luchar.


La urbanidad en ZĂşrich es relativa.
A cinco minutos de la zona más concurrida de la ciudad encuentras la calma más absoluta. El canal Schanzengraben rodea el centro histĂłrico, pero es casi imperceptible si no lo conoces. Durante siglos se utilizĂł como foso de agua para proteger las murallas de la ciudad antigua. Hoy aĂsla del ruido de la urbe y actĂşa como zona de recreo. Es aquĂ donde encontramos uno de nuestros locales favoritos de ZĂşrich, el bar Rimini, que abre a partir de las 19.00 de la tarde.
Durante el dĂa, cambia de uso y de nombre. Se convierte en Männerbad y es una zona de baño gratuita abierta solo para hombres (el nudismo está permitido). Los lunes el espacio se transforma en un mercadillo, popular entre la comunidad creativa de la ciudad.
En ZĂşrich, el uso inteligente del espacio está a la orden del dĂa. Un mismo lugar puede tener muchas caras y eso permite visitarlo más de una vez sin repetir experiencia.