Momentos urbanos suizos
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En una época en la que los centros de las ciudades corren el peligro de convertirse en centros comerciales al aire libre, la Plaza Roja de St. Gallen es una necesaria llamada a los ciudadanos para que vuelvan a ocupar las plazas públicas.
Inaugurada en 2005, la artista local Pipilotti Rist desarrolló esta solución ingeniosa para crear la sensación de estar en un salón al aire libre. Junto con el arquitecto Carlos Martínez, emplearon granulado rojo para crear un mar carmesí en toda la plaza. El mismo material esponjoso y agradable al tacto que se usa para las pistas de atletismo.
El paso del tiempo ha ido decolorando la plaza, un hecho que ha obligado al Ayuntamiento a iniciar un proceso de restauración del espacio en 2020. Durante la renovación, varios políticos locales han protestado por el uso de un material que consideran poco ecológico. Pero incluso los más críticos aceptaron en declaraciones al periódico local ‘St. GallerTagblatt’ que el proyecto se ha convertido en un activo imprescindible para la ciudad.
«Además del valor artístico de la Plaza Roja, también ayuda a construir comunidad: aquí, la gente disfruta de su café antes del trabajo, los niños juegan con los objetos y recientemente escuché a una mujer mayor decir que el plástico bota muy bien al caminar». ¿No es ese el fin último del espacio público?



Ginebra es la ciudad más diversa y cosmopolita de toda Suiza (el 37% de la población es extranjera). Pero si hay un sitio donde las diferencias sociales se difuminan, es en los baños de Paquis, el lugar predilecto de los ginebrinos para poner el cuerpo a remojo durante el verano.
El espacio sigue manteniendo su espíritu popular y accesible gracias a un grupo de activistas locales, que se movilizaron en 1987. Aquel año el Ayuntamiento presentó un proyecto para renovar completamente los baños.
Temerosos de perder la personalidad del espacio, un grupo de activistas constituyeron una asociación llamada l’Association d’usagers des Bains des Pâquis (AUBP) y consiguieron firmas para someter el plan a referendum. El 25 de septiembre de 1988, más de 17.000 personas votaron en contra, obligando al Ayuntamiento a abandonar el proyecto.
A partir de esa victoria de la democracia directa, la gestión del espacio ha estado en manos de la AUBP, que sigue velando por la integridad de los baños.
En invierno, existe la tradición de venir aquí a tomar fondue en su restaurante. Pero en verano es cuando el espacio encuentra su verdadera razón de ser, acogiendo a gente de todas las edades y clases sociales. Una razón de ser por la que merece la pena luchar.


Museos de arte concebidos como cubos blancos.
Es una fórmula que se repite en muchas ciudades. Tiene sentido: se busca no contaminar las obras que se exponen. Pero el resultado muchas veces roba la personalidad de los espacios, algo que no ocurre en el Kunsthaus de Zúrich. El museo de arte más importante de la ciudad es una obra de arte en sí mismo.
Inaugurado en 1911, el arquitecto Karl Moser llenó los interiores de elementos decorativos inspirados en el movimiento secesionista vienés. La escalinata que da entrada al espacio está cubierta de murales del pintor Ferdinand Hodler, creados exclusivamente para el edificio. En las salas más monumentales, los patrones en el suelo y las paredes añaden un elemento más inmersivo a la experiencia de ver los cuadros.
Además del impresionismo francés, destaca la colección de Edvard Munch, la más completa fuera de Noruega, y la colección de paisajismo alpino de pintores que desconocíamos, como Giovanni Segantini y Johann Heinrich Wüest.
La terraza del restaurante está decorada con murales de Miró, y en la salida hay una de las esculturas de Rodin más impresionantes que he visto jamás: la Puerta del infierno. Una obra en el que el escultor francés se imagina cómo sería la entrada al averno (spoiler: tiene mala pinta).
Actualmente el Kunsthaus está inmerso en uno de los proyectos más importantes de su historia: la construcción de un nuevo edificio que incrementará el espacio expositor en un 78% y albergará la colección de arte impresionista más importante fuera de París.


Rodin y Monet fueron grandes amigos y dejaron constancia de ello en numerosas cartas.
«El mismo sentimiento de fraternidad, el mismo amor por el arte, ha hecho que seamos amigos para siempre […]», le escribió el escultor al pintor en 1897. «De modo que sigo teniendo siempre la misma admiración por el artista que me ha ayudado a comprender la luz, las nubes, el mar, las catedrales que tanto me gustaban».
Esta cercanía hace más especial todavía la disposición de la sala principal del museo de arte de Winterthur. En ella vemos una escultura de Rodin de espaldas a una pintura de Monet. La primera es una recreación de Pierre de Wissent, uno de los integrantes de los burgueses de Calais que dieron su vida para salvar la ciudad en la guerra de los Cien Años (1337-1453). La segunda es una de las 250 pinturas que Monet dedicó a recrear escenas de nenúfares, plantas acuáticas que estaban muy en boga en aquella época.
Con este simple diálogo entre las dos obras, el Museo de Arte de Winterthur ha conseguido mantener viva la amistad de los dos.


En una ciudad dominada por las cuestas, Lausana ha tenido que recurrir a numerosos puentes, túneles y metros para sortear el desnivel.
Debajo de uno de estos viaductos, un grupo de emprendedores tuvieron la brillante idea de instalar un bar aprovechando el espacio inutilizado. Lo llamaron Terasse des Grandes Roches y lo decoraron con sillas desparejadas y mesas de segunda mano. El público es estudiantil, con cero pretensiones, un buen sitio para tomar algo con calma.



Fue en este paseo frente al lago, flanqueado por columnas y palmeras, cuando entendi la fascinación que sienten los suizos por Lugano.
No hace falta viajar a la costa italiana o francesa para vivir el estilo de vida mediterráneo. Lo tienen a unas pocas horas en tren, sin coger un avión ni cruzar fronteras.
El monte que se ve en el horizonte se llama San Salvatore y es uno de los mejores miradores de la ciudad. Una digna copia del pan de azúcar en Río de Janeiro. O igual es al revés.