Momentos urbanos suizos
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En St. Gallen hay una serie de tesoros que solo vas a ver si levantas la mirada al cielo.
En St. Gallen hay una serie de tesoros que solo vas a ver si levantas la mirada al cielo. El centro está lleno de estampas del modernismo suizo que requieren estar atentos a las fachadas de los edificios.
Esta se llama Haus zur Treue y fue construida entre 1907 y 1909 por el arquitecto Cyrin Anton Buzzi. Pero hay muchas más como esta por toda la ciudad, recopiladas en la web Art Nouveau World. Levanta la mirada del teléfono para no perderte muchas cosas.



100 segundos para llegar a una de las mejores panorámicas de Zúrich.
Es lo que tarda el funicular Polybahn en llegar a la Polyterrase, una plaza libre de obstáculos para contemplar la ciudad.
Aquí se encuentra también la sede monumental de la Universidad Politécnica de Zúrich (ETH, por sus siglas en alemán). Más de 21 premios Nobel (entre ellos Einstein) han pasado por este centro especializado en ciencias, que está entre las 10 mejores universidades del mundo. Sus graduados son tan codiciados que Google tiene una de sus oficinas más importantes del mundo en Zúrich, donde trabajan más de 2.000 personas.
Hoy, más que nunca, el coronavirus nos ha demostrado que una nación que no invierte en ciencia está condenada al fracaso. Algo que los suizos parecen tener muy claro. ETH cuenta con un presupuesto anual acorde a su importancia: 1.885 millones de francos.


Hay lugares que devuelven la fe en la humanidad.
Experimentos que demuestran que se pueden hacer las cosas de otra manera. Recobré esa esperanza en un pequeño barrio residencial llamado Halen Siedlung, a las afueras de Berna.
Construido entre 1956 y 1961, es un ejemplo de cómo diseñar barrios más sostenibles, vivibles y humanos.
«Halen no son solo casas adosadas rodeadas de un bosque. Es vivir de manera diferente y más social. La arquitectura está orientada a la convivencia. Hay una plaza del pueblo, una tienda e instalaciones comunitarias. Sin embargo, la privacidad es igual de importante. A pesar de haber sido construido de manera compacta, nadie puede ver la habitación del vecino».
Así es como Fritz Thormann describía la experiencia de habitar este barrio en una entrevista para el periódico Berner Zeitung. El veterano arquitecto hablaba con conocimiento de causa; participó en la construcción de la urbanización y lleva viviendo allí desde los inicios.
Pese a sus orígenes socialistas, la singularidad del barrio ha contribuido a que haya mucha demanda para vivir aquí con precios que superan los 800.000 francos suizos. Sin embargo, «rara vez salen al mercado inmobiliario. Los padres, a menudo, pasan la casa a sus hijos», según Thormann.
Pero no vale con describirlo de manera abstracta. Hay que vivirlo. Llegamos en un día muy caluroso. Caminamos por sus calles e hicimos fotos de forma discreta para no incomodar a los vecinos. Nos sentamos en la sombra durante un buen rato. Y nos fuimos por un camino de tierra que llevaba a un bosque frondoso para coger el bus de vuelta a la ciudad. Esa noche, de vuelta en el hotel, pensé que el mundo sería mucho mejor si hubiese miles de Halen Siedlung repartidos por el planeta.


¿Qué se estarían contando?
¿Cómo se conocieron? ¿Qué dice de ellos su lenguaje corporal? Desde el otro lado de la plaza contemplamos esta película muda. El puerto de Ouchy está lleno de estas pequeñas escenas que se desarrollan a orillas del lago de Lemán.


Las terrazas de Morcote te recuerdan constantemente la presencia del lago.
Y por lo que parece, las personas que decidieron ser enterradas aquí tampoco querían olvidarse de él.
El cementerio monumental de Morcote muestra el talento de sus habitantes a lo largo de los siglos para generar espacios sublimes con su ingenio y destreza. Aquí la muerte no es sombría ni triste. Es una celebración de la belleza de la vida.


Si tienes un reloj de alta gama que no funciona, existe una enorme probabilidad de que Fabian e Yvon Desbiolles sepan cómo arreglarlo.
Padre e hijo regentan uno de los talleres de reparación más prestigiosos de Ginebra. Un trabajo que requiere un nivel de especialización apabullante. Cada reloj artesanal que entra por sus puertas es un mundo. Suyo es el difícil trabajo de averiguar cómo conseguir que funcione de nuevo.
Lo hacen desde una ciudad considerada el centro global de la relojería de lujo. El primer representante de una industria que se concentra principalmente en la suiza francófona (aunque con presencia también en la suiza alemana).
Cuando me asomé al escaparate, padre e hijo se encontraban en ese momento escudriñando los interiores de un reloj con una lupa en la mano. Me hubiera gustado tener un reloj averiado para tener una excusa para entrar, pero tuve que conformarme con ser un voyeur desde el escaparate.