Momentos urbanos suizos
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Hay rincones de Ginebra que no han cambiado nada en los Ăşltimos siglos.
Si obviamos la luz elĂ©ctrica y algĂşn elemento más, esta foto se podrĂa haber tomado en el siglo XIX.
ÂżQuiĂ©n viviĂł aquĂ hace dos siglos? ÂżCĂłmo se llamaba y quĂ© ropa vestĂa?
La imaginación es un elemento imprescindible para hacer más inmersivos nuestros viajes. No olvidemos utilizarla de vez en cuando.


Si viajas algĂşn dĂa a Lugano, es posible que el Spazio Morel ya no estĂ© aquĂ.
Este espacio cultural naciĂł con fecha de caducidad. Sus fundadores tomaron el control de este antiguo concesionario en 2012 con el propĂłsito de usarlo hasta 2019, año en que volverĂa a manos de los propietarios del solar, que buscan demolerlo para construir un edificio nuevo.
Pero en 2020, el Spazio Morel sigue en funcionamiento y todavĂa no se ha aclarado su futuro. ÂżConseguirán mantenerlo abierto, como ha ocurrido con otros proyectos en Suiza que lo consiguieron despuĂ©s de muchas luchas vecinales?
Entretanto, el espacio se ha consolidado como un referente programando música en directo, exposiciones de arte contemporáneo y espacios de trabajo colaborativos. Un complemento a la cultura oficial que se programa en LAC, el centro de artes del Ayuntamiento, situado a apenas 200 metros.


Todo tiempo es poco a bordo del M.N Ceresio.
Esta embarcación de los años 30 navega por las aguas del lago de Lugano con una silueta inconfundible. Alargada, fina y estilizada, fue el barco que nos acompañó durante los múltiples trayectos que hicimos (todos incluidos en el precio de nuestra Swiss Travel Pass).
«El motor ha sido totalmente restaurado para cumplir con las normas medioambientales actuales, pero el interior sigue siendo completamente original», me explicó el simpático revisor de billetes.
Su polo azul marino llevaba el emblema de la SocietĂ Navigazione del Lago di Lugano, la empresa que lleva desde 1848 transportando viajeros por estas aguas.
No es la forma más rápida de moverse por Lugano, pero ¿para qué viajar si viajas con prisa?


AllĂ arriba, en lo más alto de la ciudad, me quedĂ© traspuesto por un árbol, una haya llorona cuyas ramas tocaban el suelo, contribuyendo a su aire de melancolĂa.
Es posiblemente el árbol más preciado de todo Lausanne en una ciudad que se toma muy en serio el cuidado de sus espacios verdes. El Ayuntamiento ha catalogado más de 20.000 árboles, y su equipo de jardineros presta especial atenciĂłn a especies como esta, que tienen más de un siglo de vida. Una polĂtica que busca no solo dar una vida digna a los árboles más ancianos, sino asegurarles una muerte lo más respetuosa posible sin talas indiscriminadas.
Esta haya llorona se encuentra en el interior del parque de L’Hermitage, un espacio verde paradisĂaco a 10 minutos del centro histĂłrico. Y en el centro de todo, la Fondation L’Hermitage, que organiza exposiciones temporales de arte. El mejor sitio para escapar de la ciudad sin salir de ella.



El Art Brut no fue creado para ser expuesto.
No fue concebido para venderse. Ni para hacerse famoso, ni para distinguirse de los demás. Es arte creado por el mero hecho de crear. La pulsión más primaria del ser humano. La misma que llevó a nuestros antepasados a dejar la huella de su mano en las cuevas de Altamira. Y uno de los hogares espirituales de este movimiento se encuentra en Lausana.
La collection de L’Art Brut alberga la colección más completa de obras de este género, legadas a la ciudad por Jean Debuffet.
El francĂ©s se empezĂł a interesar por el Art Brut tras descubrir el libro Expresiones de la locura, de Hanz Prinzhorn. Un mĂ©dico alemán que puso en valor las obras de arte de los locos que se encontraba en los psiquiátricos donde trabajaba durante los años 20. Debuffet acabarĂa llamando Art Brut (arte bruto) a este gĂ©nero en 1945, en honor a su crudeza y pureza artĂstica.
Pero el artista francĂ©s no quiso reducirlo Ăşnicamente a la etiqueta del arte de los locos. Buscaba piezas insĂłlitas de presos, gente solitaria, inadaptados, ancianos, mĂsticos, anarquistas y rebeldes. Gente que tenĂa una cosa en comĂşn: la ausencia de una formaciĂłn artĂstica tradicional. El arte de los desamparados, marginados y olvidados.
Tras exponer sus piezas en el Museo de Artes Decorativas en ParĂs en 1967, el francĂ©s empezĂł a contactar con distintas instituciones para encontrar un hogar para su colecciĂłn. Ante la falta de interĂ©s en su paĂs de origen, llegĂł a un acuerdo con el Ayuntamiento de Lausana, que le ofreciĂł un edificio para salvaguardar sus obras. La Collection de L’Art Brut se inaugurĂł en 1976.
«El verdadero arte siempre está donde no se le espera. AllĂ donde nadie piensa en Ă©l ni pronuncia su nombre. El arte odia ser reconocido y saludado por su nombre. (…) El arte es un personaje apasionadamente enamorado del incĂłgnito. En cuanto alguien lo descubre, lo señala con el dedo, entonces se escapa, dejando en su lugar un figurante laureado que lleva sobre sus hombros una gran pancarta en la que pone ARTE, que todo el mundo rocĂa enseguida con champaña», decĂa Jean Debuffet.
El Art Brut es una llamada a todos para crear sin esperar a tener el permiso de los demás. A confiar en nuestra intuición. A no dejar que anulen el potencial creativo que todos llevamos dentro.


Hay muchas maneras de ver el Museo de Arte e Historia de Ginebra.
Yo me quedo con la forma en la que los artistas expuestos en sus salas han interactuado con el paisaje a lo largo de los siglos. Basta ver el horizonte lleno de agua y montañas que se abre cuando hace un dĂa de sol en Ginebra para entender esta fascinaciĂłn.
Cada forma de representar un paisaje es el reflejo de la época en la que fue creado. En los siglos XVI y XVII se mezcla con motivos religiosos. En el siglo XVIII y XIX adquiere tintes más realistas. Y a principios del XX, pintores como Ferdinand Hodler lo pasan por el filtro de la imaginación.
Los cuadros de Hodler ya no están obsesionados con resaltar la realidad. «Toman el concepto del paralelismo, un tĂ©rmino que acuñó para explicar su manera de abordar el arte. Se refiere a su proceso de simplificaciĂłn, simetrĂa, la repeticiĂłn de elementos en los que busca aislar y extraer las cualidades esenciales de la naturaleza. Hodler percibĂa que habĂa un orden en el universo y su trabajo como artista era revelarlo», segĂşn el crĂtico de arte Martin Oldham en la revista Apollo.
Comparar los cuadros de distintas épocas es observar las verdades de cada época.