Momentos urbanos suizos
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Aquí te hemos contado por qué merece la pena visitar el museo Tinguely.
Y con esta foto te mostramos por qué deberías parar a tomar algo en su café después de ver las obras del artista suizo más importante del siglo XX.


En una explanada frente a la estación central se está gestando uno de los proyectos culturales más ambiciosos de la historia reciente de Lausana.
En total, 180 millones de francos han sido asignados a este proyecto que empezó con la inauguración del nuevo Museo de Bellas
Artes en 2019.
El edificio, diseñado por el estudio barcelonés Barozzi Veiga, se construyó en terrenos ocupados anteriormente por talleres de reparación de trenes. El interior es amplio y está planteado como un recorrido con un comienzo y un final. La colección es notable, con cuadros de Valloton, Twombly, Klee y Courbet.
Próximamente se irán añadiendo los museos de diseño (Mudac) y fotografía (Musée Elysee) al complejo. Todos tendrán su propio edificio bajo el mismo paraguas: Plateforme 10.


—¡61 millones de francos para la ópera! ¿Y nosotros qué?
Estamos a principios de los 80 y los movimientos estudiantiles están caldeados. Hay mucha frustración. Mientras a los adolescentes les niegan espacios culturales libres y accesibles, el Ayuntamiento acaba de gastar una millonada en la remodelación de la ópera.
Los siguientes años estuvieron dominados por protestas, ocupaciones y presiones. Ruido que acabó dando sus frutos cuando en 1988 abrió el centro juvenil Dynamo, respaldado con 15 millones de francos de dinero público. 30 años más tarde, el proyecto ha conseguido mantenerse alejado de la institucionalidad con una propuesta que evoluciona con los tiempos.
En el interior hay talleres, estudios de grabación, laboratorios e impresoras que permiten a los jóvenes desarrollar sus inquietudes. En el sótano hay una discoteca participativa cuyos responsables rotan con el fin de coger experiencia laboral.
Situado en una antigua fábrica de cerveza, el edificio se encuentra sobre el río Limago. Una zona de baño posindustrial con un restaurante que sirve platos sencillos a precios razonables.
Una buena oportunidad para empaparse de la cultura juvenil en Zúrich.


La vida brota bajo este viaducto mientras los trenes pasan por arriba.
En sus 56 arcos no falta de nada. Puedes tomar el aperitivo, dar clases de tango, comprar queso, hacer ejercicio, trabajar un rato en un coworking, comprar muebles, ver un concierto en directo.
Construido en 1894 con piedra tallada, anteriormente albergó talleres y almacenes antes de caer en el olvido. En Zúrich son unos verdaderos maestros del aprovechamiento del espacio y este es el enésimo ejemplo de ello.


¿Qué sentido tiene tener un museo de fotografía si todos tenemos la capacidad de hacer fotos?
La realidad nos muestra que nunca fue más importante contar con centros como el Fotomuseum Winterthur para ayudarnos a desarrollar una mirada crítica. El lenguaje hace tiempo que dejó de estar dominado únicamente por la palabra hablada y escrita. El verdadero idioma del siglo XXI son las imágenes que vemos a diario. Y la mejor manera de estar preparados para entender e interpretar la realidad es ejercitarnos.
«La política de ver y ser visto, observar y ser observado y ser reconocido siempre están relacionados con intereses de poder que modifican nuestra realidad social. En la imagen fotográfica, una multitud de miradas no solo se encuentran a sí mismas, nunca son neutrales. Especificaciones técnicas de la cámara, la cultura y mentalidad del fotógrafo y sus espectadores, pero también las instituciones y corporaciones que controlan y filtran lo que se puede ver y el valor que se le asigna a ello y lo que, a su vez, debe mantenerse oculto. Bajo la influencia de los algoritmos y las imágenes en red, las dinámicas vuelven a cambiar».
La introducción de la exposición ‘SITUATIONS/El derecho a mirar’ que nos encontramos durante nuestra visita demuestra que esto es algo que Fotomuseum Winterthur se toma muy en serio.
Fundado en 1993, la fundación navega por el delicado proceso de preservar el pasado y el presente de la fotografía. Prepararnos para un mundo en el que tener una dieta visual sana es tan importante como comer bien o ejercitar el cuerpo.



100 segundos para llegar a una de las mejores panorámicas de Zúrich.
Es lo que tarda el funicular Polybahn en llegar a la Polyterrase, una plaza libre de obstáculos para contemplar la ciudad.
Aquí se encuentra también la sede monumental de la Universidad Politécnica de Zúrich (ETH, por sus siglas en alemán). Más de 21 premios Nobel (entre ellos Einstein) han pasado por este centro especializado en ciencias, que está entre las 10 mejores universidades del mundo. Sus graduados son tan codiciados que Google tiene una de sus oficinas más importantes del mundo en Zúrich, donde trabajan más de 2.000 personas.
Hoy, más que nunca, el coronavirus nos ha demostrado que una nación que no invierte en ciencia está condenada al fracaso. Algo que los suizos parecen tener muy claro. ETH cuenta con un presupuesto anual acorde a su importancia: 1.885 millones de francos.