Momentos urbanos suizos
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Sentado en completo silencio me imaginé lo que debieron sentir los peregrinos que viajaban durante semanas para llegar aquí cuando entraban por la puerta.
O el monje que, ávido de conocimiento, caminaba valle tras valle para poder venir y consultar algunos tomos de la biblioteca.
El arquitecto que lo diseñó sabía que estaba creando una puesta en escena. Un paisaje interior de arcos y frescos intercalados para despertar la fe de sus visitantes. Cuando observamos esta iglesia en silencio estamos viendo también una foto fija del final de una época.
«La Abacial es uno de los últimos edificios religiosos monumentales del final del período barroco. Construida sobre una estructura simétrica, con una rotonda en el centro, está decorada en estilo rococó», cuenta el informe de la Unesco. Razones de peso que llevaron al organismo a inscribir la catedral y la abadía como Patrimonio de la Humanidad en 1983.
Hoy las iglesias se han convertido en uno de los últimos refugios del silencio. Un lugar para escuchar el silencio.


«¿Dónde está tomada esa foto?», le pregunté al señor de detrás del mostrador, señalando una imagen de una bodega llena de quesos.
«Aquí debajo», me contestó sonriendo, apuntando al subsuelo. «¿Os lo enseño?».
Salimos al exterior de la tienda y unas compuertas nos llevaron a un pasadizo subterráneo. A medida que bajamos los peldaños de la escalera, el olor a queso se volvió cada vez más intenso. «Aquí es donde ocurre la magia». Cada una de las salas abovedadas estaba llena de quesos redondos apilados en estanterías. «Los dejamos madurar entre 6 y 30 meses, dependiendo de la intensidad de sabor que buscamos».
La persona que nos atendió se llama Dominic Bärfuss y lleva seis años regentando el establecimiento junto con su hermano Patrick. Antes de su llegada, la tienda estuvo en manos de la misma familia desde 1894 hasta 2014, cuando el bisnieto del fundador, Dieter Heugel, decidió jubilarse.
Sin descendencia ni pareja, Heugel llegó a pensar que tendría que cerrar ante la imposibilidad de encontrar un sucesor adecuado, hasta que Patrick se cruzó en su camino. Bärfuss llevaba tiempo buscando un cambio de vida tras una carrera desarrollada en marketing y ventas. Los dos congeniaron y Heugel por fin encontró a alguien que pudiese tomar las riendas de su negocio.
Pese a estar en un emplazamiento turístico, Dominic nos contó que el 90% de su clientela es local. Además de los quesos que maduran en sus bodegas, recomiendan su mezcla casera para fondue. «Siempre dicen que es algo que se debe comer solo en invierno, pero yo creo que cualquier momento del año es bueno».


Aquí es dónde el arte viene a mancharse las manos.
En esta zona de antiguas fábricas textiles a las afueras de St. Gallen se encuentra uno de los centros de producción de esculturas más prestigiosos del país helvético.
Un proyecto que empezó con la creación de Kunstgiesserei en 1983, un centro de fundición especializado en llevar a la práctica cualquier idea de un artista que tenga que ver con la escultura.
Un ejemplo: el gallo azul gigante que ocupó uno de los pedestales de la plaza de Trafalgar en Londres durante 2013 salió de los hornos de esta fábrica de ideas. Un trabajo que la escultora alemana Katarina Fritsch confío a Kunstgiesserei.
Pero la labor de este espacio no acaba aquí. En el mismo complejo se encuentra Sitterwerk y Kesselhaus Hans Josephsohn.
El primero es una fundación y librería dedicada a la promoción del arte (sitterwerk ofrece, además, varias residencias anuales para artistas). Cuenta con una biblioteca con más de 25.000 libros de arte. Cada ejemplar tiene un sistema de rastreo inalámbrico que consigue que siempre estén localizables en las estanterías. Esto permite que la colección esté organizada de forma más aleatoria.
El segundo es una exposición permanente de esculturas del artista Hans Josephsohn (1920-2012). Un lugar dedicado a su memoria.
En ocasiones los museos acaban siendo tan pulcros que se convierten en cementerios del pasado. Aquí es todo lo contrario, el futuro se cuece en sus hornos de fundición.


¿Cómo no dignificar con una fotografía el trabajo de los artesanos que hicieron posible esta fachada?
La Farmacia Luganese es uno de esos comercios clásicos que luchan contra las franquicias. Una tienda que entiende la importancia de la tipografía para presentarse ante los viandantes. Me hubiera gustado tener un ligero catarro para poder entrar a comprar algo.



Podría haber estado allí todo el día.
Sentado en el puerto de Ouchy vi entrar y salir media docena de barcos en el espacio de una hora. Pero no eran barcos cualesquiera. Todos funcionaban con vapor, y tenían más de un siglo de vida. La posición de Lausana, situada en el centro del lago Leman, la convierte en un lugar de mucho trasiego para estas embarcaciones.
Que estos barcos monumentales sigan siendo los reyes del lago tiene mucho que ver con el compromiso de CGN, un consorcio público privado que lleva desde el siglo XIX transportando pasajeros por el lago de Lemán.
Lo conseguido por la región es único en el mundo: mantener vivos y en perfectas condiciones barcos de vapor centenarios. Un regalo para quienes tenemos la buena fortuna de subirnos a ellos (todos los trayectos están incluidos en el precio del Swiss Travel Pass).
Los trayectos a bordo de estas joyas son principalmente viajes de placer. No se busca atajar ni ganar tiempo. Lo importante es el recorrido.


Ernst Beyeler dedicó media vida a construir una de las colecciones privadas de arte moderno más completas del mundo.
Y cuando lo consiguió, dedicó lo que le quedaba de vida, junto a su mujer Hildy, a crear una fundación para que cualquier pudiese disfrutarla.
Picasso, Monet, Matisse, Rothko… La lista de grandes nombres presentes en el museo es extensa, muchos de ellos amigos personales de Beyeler. Pero incluso aunque no tuviese ningún cuadro conocido, merecería la pena visitarlo por la singular arquitectura del edificio que lo alberga. Proyectado por el arquitecto Renzo Piano, la fundación se diseñó para potenciar la presencia de la luz natural a petición del propio Beyeler. Era la mejor manera de disfrutar las obras, según el coleccionista. Para ello el arquitecto instaló unos cristales especiales que dejan entrar la luz, pero que, a la vez, filtran los rayos uva más fuertes para evitar dañar las obras. Los ventanales hacen innecesario el uso de luz artificial y permiten contemplar los prados verdes que rodean el edificio.
La fundación organiza, además, exposiciones temporales de altísimo nivel. Durante nuestra visita hubo una retrospectiva dedicada a Hopper.
Beyeler también fue una pieza clave en la consolidación de Basilea como uno de los grandes centros del arte. Tuvo un papel fundamental en los años 70 en la creación de Art Basel, que hoy es la feria de arte contemporáneo más influyente del planeta.